Una hora de carrera continua por el paseo marítimo de Vilanova. Me he encontrado con Toni Sánchez y Marina Prat. Impresiona escuchar de sus propias palabras los tiempos que hacía en la maratón, dos horas y treinta y siete minutos.
El de la foto que aparece en el inicio de cada entrada, expreso deseo de mi señor, es el gran visir Tintoré "Le fou", amo de un país poderoso y corredor popular; el que no se ve soy yo, Manuel Tintoré Maluquer, anteriormente conocido como Manuel Binoy, escriba fariseo de origen humilde que ha sido contratado para narrar sus correrías por este mundo; a su servicio de por vida.
martes 24 de febrero de 2009
lunes 23 de febrero de 2009
Lunes, 23 de Febrero
Sesenta minutos de bicicleta estática por la mañana y una hora y tres minutos de carrera continua por la tarde, a las siete y media, por el paseo marítimo, controlando el ritmo, escuchándome.
domingo 22 de febrero de 2009
Domingo, 22 de Febrero
Veinte kilómetros por la mañana con Eaglerun y Josep Antomi Córdoba y una hora de bicicleta estática por la tarde. Hoy hemos puesto el punto y final al plan que desde hace dos meses estábamos siguiendo para preparar la maratón de Barcelona que se celebrará el próximo domingo día uno de Marzo. Ha sido una salida tranquila, muy relajada, a un ritmo de cinco minutos y veinticinco segundos el kilómetro. Hemos tenido un buen día. Entramos en una semana que para mí siempre es incómoda. No me gusta esperar. (Total kilómetros a la semana:75)
viernes 20 de febrero de 2009
Viernes, 20 de Febrero
Desde los once años hasta bien entrados los veintitantos, Manuel Tintoré, siempre según sus propias palabras, no me invento nada, se recuerda a sí mismo como una persona retraída, muy encerrado en su propio mundo de silencio, nada comunicativo con los demás, con serios y verdaderos problemas para poder expresarse en voz alta. Era tartamudo, es decir, no podía pronunciar más de tres palabras seguidas sin encallarse, sin quedarse enganchado durante muchos segundos en la misma palabra, resbalando su desesperación por las sílabas. Intentaba hablar y de su boca no salía ningún sonido, quería decir algo a alguien y no podía. No había forma humana de poder comunicarse con nadie. Permanecía la mayor parte de las horas encerrado en su habitación, siempre con un libro en la mano, leyendo convulsivamente, como si en ello le fuera la vida, como si en lo que leía esperara encontrar la respuesta a sus muchas preguntas. Los peores años de mi vida, es lo que suele decirme siempre que hablamos del tema, no se los deseo ni a mi peor enemigo. Me convertí en un lobo estepario, siempre estaba solo, podía pasarse semanas, meses enteros sin hablar con nadie, alguna que otra palabra con sus padres o con sus hermanos y nada más, todo el resto era leído, no hacía nada más que leer y leer, no vivir su vida y vivir la vida de los otros a través de las novelas que devoraba, su existencia estaba hecha de palabras ajenas y así fue como año tras año se fue construyendo una realidad a su imagen y semejanza, a su medida, sólo para él, un mundo en el que no cabía nadie más que él. Así nadie podía hacerme daño, me dice, nadie podía reirse de mí porque no tenía a nadie con quien hablar y me daba igual, estaba muy a gusto conmigo mismo, nunca me ha importado estar solo, me confiesa, me gusta la soledad y la verdad es que nunca he necesitado a nadie ni para sentirme bien ni para ser feliz. Con los libros me basta, sentencia, son los únicos que me han dado lo mucho que tengo. Hoy no he salido a correr. Después de trabajar he llegado a casa pensando que haría unos doce kilómetros a ritmo pausado y al final no he hecho nada. El carnaval y el desfile de carrozas y la gente disfrazada y el ambiente de fiesta que se respiraba en la calle me han distraído y se me ha hecho tarde. Son las doce menos diez de la noche. Me sorprende la facilidad con la que Airemi duda de mis sentimientos y de mis intenciones.
Jueves, 19 de Febrero
Series de cinco mil metros con Eaglerun en el circuito de Cubelles. Han sido dos y muy rápidas, por debajo de veintitrés minutos, veintidós cuarenta la primera y veintiuno treinta y ocho la segunda. Me ha costado regular la respiración y adecuarla a un ritmo cardíaco demasiado acelerado en la segunda serie, pero al final he terminado bien siguiendo la estela que Eaglerun iba dejando delante de mí, imponiendo un ritmo alto, acelerando en los últimos metros, obligándome a forzar la máquina más de lo que me permitían las piernas; me escuchaba a mí mismo respirar con la boca abierta y más bien era un jadeo continuo y salido de dentro, de lo más hondo y profundo del cansancio, señal inequívoca de que el cuerpo que está corriendo en ese momento se encuentra en el límite de sus fuerzas y de su aguante, pero al final ha valido la pena el sufrimiento y el esfuerzo. Prácticamente hemos terminado el entreno de la maratón, sólo queda una semana en la que únicamente correremos tres o cuatro días a un ritmo muy tranquilo y sosegado. Tal y como decía algún romano de la época de los emperadores, la suerte está echada. Durante dos meses nos hemos entrenado bien y con cabeza, nos hemos divertido, hemos forzado la máquina cuando debíamos hacerlo y siempre dentro de nuestras posibilidades, hemos tenido casi todos los días muy buenas sensaciones tanto de cabeza como de cuerpo, nos han respetado las lesiones y las molestias musculares, lo hemos pasado bien comprobando como bajábamos de tiempo en las medias maratones en las que hemos competido, nos hemos compenetrado a la perfección cuando nos ha tocado hacer una tirada larga de más de veinte kilómetros, todas estas circunstancias y alguna que otra más que ahora se me escapa (no soy perfecto) nos llevan a pensar y a creer que podemos hacer un buen papel en la maratón. Ahora vienen tres o cuatro días en los que las dudas y los miedos y los sueños personales de cada uno van a ocupar la mayor parte de las horas hasta el próximo domingo uno de Marzo.
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miércoles 18 de febrero de 2009
Miércoles, 18 de Febrero
De nuevo quince kilómetros de carrera continua a buen ritmo y con muy buenas sensaciones en todas las partes motrices de mi cuerpo; sesenta minutos de bicileta estática por la mañana antes de ir a trabajar como cualquier hijo de vecino. El entreno combinado de pedalear y correr parece ser que me está resultando bastante beneficioso. No sé cómo ni por qué ni de qué manera puede influir en mi forma física, pero la verdad es que lo noto, lo siento, lo intuyo, me siento mucho mejor que el año pasado cuando no hacía bicicleta y solo corría. Es como si de repente se me hubieran expandido los pulmones y tuviera más capacidad para respirar, como si los músculos de mis piernas hubieran adquirido mayor resistencia y agilidad y como si todo yo fuera más rápido y más consistente y menos pesado. Son las once menos diez de la noche, se me cierran los ojos, mañana tenemos dos series de cinco mil metros, ya veremos cómo responden los cuerpos, la semana que viene ya hemos de bajar el volumen de kilómetros, sólo quedará esperar, Airemi está cada día más atractiva y más dentro de mi piel; estoy muy acostumbrado a ella; hoy por hoy se me hace muy difícil imaginar mis días sin ella, es como el centro de mi gravedad, el motor que me mueve, la energía que necesito para seguir tirando, el faro que me ilumina en medio de la noche, la cara que quiero ver todas las mañanas al despertarme, el cuerpo que deseo acariciar con la superficie de mis manos, la estrella que siempre está encendida para mí y que me sirve para no perderme y orientarme en todo momento; es como la tinta para el bolígrafo; dependo de ella y me gusta sentir esa sensación de necesitarla, de querer estar constantemente a su lado, cogiéndole la mano, mirándola, escuchando lo que me dice, lo que me cuenta, lo que me explica, lo que me mira con esos ojos en los que me hundo y me pierdo y no quiero dejar de mirarlos porque dentro de sus ojos están los míos y estoy yo y más allá de ella y de mí estamos los dos y eso es lo único que cuenta, lo único que realmente vale la pena en este mundo y en este preciso instante de mi vida. Según sus propias palabras, Manuel Tintoré apenas tiene recuerdos de su infancia. Sus primeros diez años son como una especie de película velada en la que no hay registrada ninguna imagen.
martes 17 de febrero de 2009
Martes, 17 de Febrero
Esta tarde he salido a correr con más ganas y menos cansado que ayer. Después de haber llegado a casa y de haberle preguntado a mi hija de once años cómo le estaba tratando la vida, me he puesto las Nike Pegasus y el uniforme de corredor (mallas negras y polar azul claro) y cantando bajo la lluvia, sintiéndome bien, silvándole al viento y lanzando las campanas al vuelo he salido a trotar por el paseo marítimo. Perfecto, maravilloso. Al final he hecho quince kilómetros (una hora y dieciocho minutos) a un ritmo vivo y alegre, notando cómo mis piernas y mis brazos obedecían a la perfección y sin rechistar las órdenes que recibían de mi cerebro. A once días de la maratón de Barcelona debo confesar, y confieso sin ningún miedo a estar equivocado, que la sensaciones que tengo en estos momentos son muy, pero que muy buenas. Me encuentro muy bien, estoy animado tanto de espíritu como de coco, nada me duele, ningún músculo, ningún tendón, ninguna fibra, nada en mi cuerpo está fuera de lugar, todo está en su sitio, perfectamente controlado y espero que siga así de bien hasta que llegue el día de y la hora hache. En otro orden de cosas debo dejar constancia del hecho de que en un corto espacio de tiempo (una hora y media) como si se hubieran puesto de acuerdo, como si entre los dos hubieran querido urdir un complot en mi contra, he recibido dos llamadas de teléfono. La primera de Airemi y la segunda de Eaglerun. Parecían estar seriamente preocupados por mí. Querían saber si me sucedía algo, si me encontraba bien, si había algo en mi estado de ánimo que no estuviera como yo deseaba y por encima de todas las cosas querían que les explicara las razones, los motivos de por qué últimamente soy tan soso y tan parco y tan perezoso a la hora de escribir. A los dos les he dicho lo mismo y a los dos les he dado la misma explicación después de haberles agradecido de todo corazón su interés y sus muestras de amistad y de aprecio hacia mi persona. Cansancio, puro cansancio. Agotamiento. Cuando me siento delante del ordenador suelen ser las once o las once y media de la noche y la verdad es que a esas horas ya no estoy para muchos trotes y el noventa por ciento de mi cerebro está que se cae de sueño. De todas maneras os prometo (Airemi y Eaglerun) que a partir de hoy, y en vuestro honor, y como prueba de mi más sincera amistad, haré todos los posibles para resurgir de mis cenizas, hacer un esfuerzo sobrehumano que reviente todos los límites de lo imposible y escribir cada día muchas líneas para vosotros y sobretodo para mí. Un abrazo.
lunes 16 de febrero de 2009
Domingo, 15 de Febrero
Espectacular, acojonante, de puta madre. Adjetivos que describen como anillo al dedo el resultado que hemos obtenido, Eaglerun y yo, en la media maratón de Gavá que hemos corrido esta mañana. (Total kilómetros a la semana: 81)
jueves 12 de febrero de 2009
Jueves, 12 de Febrero
Por la mañana cuarenta y cinco minutos de bicicleta y por la tarde seis series de mil metros con Eaglerun en el circuito de Cubelles. Al principio estaba muy cansado y sin ningunas ganas de correr. Al final, como ya va siendo habitual, el entreno ha sido positivo y satisfactorio. Hemos hecho las series por debajo del tiempo que teníamos estipulado.
miércoles 11 de febrero de 2009
Miércoles, 11 de Febrero
De nuevo quince kilómetros de carrera continua a buen ritmo. Me siento bien, algo cansado debido a los muchos días de entreno, pero contento y animado.
Martes, 10 de Febrero
Cincuenta y tres minutos de bicicleta por la mañana y quince kilómtros de carrera continua por la tarde, parte de ellos acompañado de Joan Josep Corella. No lo conozco mucho, pero me da la sensación de que también es un corredor de raza, sacrificado y constante.
lunes 9 de febrero de 2009
Lunes, 9 de Febrero
Quince kilómetros (una hora y veinte minutos) a un ritmo vivo y alegre, las piernas parecía que fueran solas, volaban, saltaban y se levantaban del suelo con una facilidad asombrosa, las rodillas casi llegaban hasta el cielo, me he sentido muy bien, pletórico de fuerza, los brazos moviéndose correctamente, la mirada al frente, con ganas de seguir corriendo hasta el último suspiro. Manuel Tintoré me ha llamado por teléfono. Adelanta el día de regreso. Está cansado de la nieve, del frío y de los alemanes. El congreso sobre literatura y conciencia ha resultado ser un montaje editorial y de negocios muy particulares.
domingo 8 de febrero de 2009
Domingo, 8 de Febrero
Otro domingo, nueva tirada de veintinueve kilómetros y otro cúmulo de buenas sensaciones en la cabeza, en las piernas y en los músculos que mueven el corazón. Estoy contento, veo a mi hija feliz y la vida, por el momento, me sonríe y se porta bastante bien conmigo, no me putea demasiado, se me hace fácil mirarme en el espejo por las mañanas y decirme a mí mismo, a la imagen que se refleja en el otro lado, que a pesar de todos los posibles pesares que pueda tener a mis espaldas y a mi alrededor no puedo quejarme ni de lo que soy ni de lo poco que tengo. El entreno de esta mañana, para no perder la costumbre, ha sido más que correcto. Debido a la media maratón de Barcelona y a una carrera de montaña que se celebraba en Sant Pere de Ribes, hoy sólo nos hemos juntado cuatro locos del asfalto, de la carretera o de como queraís llamarlo. La cuestión es que éramos cuatro: Eaglerun, Josep Antoni Córdoba, Estanislaw y yo mismo. El circuito escogido ha sido el de Sitges, dos horas y treinta y ocho minutos es el tiempo que hemos tardado en completar toda la vuelta hasta regresar a Vilanova. Eaglerun se ha resentido de su lesión en la parte de atrás de la rodilla. Josep Antoni ha sufrido un ligero contratiempo en la boca del estómago. Estanislaw ha cubiero todo el recorrido con cuatro kilos de lentejas colgados en la espalda, dentro de una mochila, y yo me he encontrado bastante bien, con buenas perspectivas de cara a la maratón. Ha sido una mañana soleada y de poco frío, de buena compañía, un buen ambiente entre los cuatro. Después de comer, una vez duchados y más descansados, Eaglerun y yo nos hemos visto para tomar un café y hemos decidido que en la media maratón de Gavá-Castelldefels del próximo domingo intentaremos rebajar el tiempo que hicimos en la media maratón de Sitges. (Total kilómetros a la semana: 96)
Sábado, 7 de Febrero
Después de varios días sin saber nada de él, hoy he recibido una carta de Manuel Tintoré. Está en Alemania, asistiendo a un congreso sobre literatura y conciencia, invitado por el Pen Club internacional. A su regreso me explicará con más detalles el contenido de las ponencias. En otro orden de cosas debo decir que entrar en el templo de Airemi por la puerta de atrás me ha resultado más complicado de lo que pensaba en un principio. Ha sido imposible, no ha habido manera, la llave que me había dejado para que pudiera entrar todas las veces que quisiera sin tener que avisarla antes parecía estar defectuosa, no encajaba bien en la cerradura, no acababa de entrar, no conseguía darle la vuelta, he intentado introducirla varias veces y al final he decidido dar la vuelta al jardín que rodea el templo y entrar por la puerta principal. Ha sido espectacular, como siempre. Ultimamente nos amamos con mucho sentimiento, hay una química muy especial entre los dos, una especie de puente que va del uno al otro, de ella a mí y de mí a ella, un vínculo que nos une y nos mantiene juntos, ofreciéndonos un futuro más que prometedor. La quiero.
sábado 7 de febrero de 2009
jueves 5 de febrero de 2009
Jueves, 5 de Febrero
Treinta minutos de calentamiento, tres series de cuatro mil metros a un ritmo más que acepatable, quince minutos de enfriamiento, una hora y cuarenta y dos minutos de tiempo, total: veintidós kilómetros de esfuerzo y de gratas sensaciones acompañado de Eaglerun y de Joan Josep Corella. El escenario escogido para el entreno de hoy ha sido un circuito de cinco kilómetros situado en la vecina población de Cubelles. No ha llovido. No hemos pasado frío y tampoco miedo. Ha sido una tarde perfecta para un entreno perfecto. La primera serie de tanteo, diecinueve minutos. La segunda y la tercera redondas, diecisiete minutos. Al final, como siempre, contentos y satisfechos, animados de cara a la maratón y gratamente sorprendidos de lo rápido y bien que nos recuperamos.
miércoles 4 de febrero de 2009
Miércoles, 4 de Febrero
Entreno de costumbre: cuarenta y cinco minutos de bici y quince kilómetros de carrera continua. Me he sentido bien. A sólo tres semanas de la maratón pienso que no he hecho el kilometraje necesario como para afrontarla con ciertas garantías. Hoy por hoy tengo mis dudas.
martes 3 de febrero de 2009
Martes, 3 de Febrero
Treinta minutos de bicicleta por la mañana y quince kilómetros de rodaje por la tarde, incluídas quince subidas a la ermita de Sant Cristófol. Durante los primeros veinte minutos me he sentido cansado y no tenía ningunas ganas de seguir corriendo. Mi primera intención ha sido desistir y volver a casa, pero haciendo acopio de valor, por cojones, me he sobrepuesto a todos los inconvenientes que amenazaban mi voluntad y al final he corrido bien y a buen ritmo, disfrutando del entreno, de mi esfuerzo, de mi solitaria imagen pateando el suelo del paseo marítimo. Casi al final, cuando terminaba, a la altura de la rambla, me he encontrado con Toni Gordo, fisiotereapeuta. Estaba haciendo series de mil metros y me ha comentado que Eaglerun tiene ciertas molestias en la parte de atrás de la rodilla y que mañana se pasará por su consulta. Espero y deseo de todo corazón que no sea nada grave y que nada le impida correr la próxima maratón que desde hace dos meses estamos preparando con muchas ganas y a conciencia. Ahora mismo está en un óptimo estado de forma; se merece, por su coraje, por su esfuerzo, que lo de la rodilla no sea más que una tontería.
lunes 2 de febrero de 2009
Lunes, 2 de Febrero
Ayer por la mañana, después de haber corrido veintinueve kilómetros a un promedio de cuatro cincuenta y siete, Eaglerun, con la punta de los dedos, rozó la euforia, la sintió en lo más profundo de sí mismo, ahí donde suelen experimentarse las sensaciones más íntimas y personales. Estaba contento, eufórico, exultante de alegría, convencido de que está perfectamente preparado para encarar la próxima maratón que nos espera. Sin pretender ser pedante, huyendo del autobombo, debo decir que de los treinta corredores que salimos del hospital de San Antonio Abad, él y yo fuimos los que marcamos el ritmo más vivo y constante durante todo el recorrido. Esta tarde he salido a correr y bastante menos cansado de lo que esperaba he hecho quince kilómetros.
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