Domingo por la mañana, seis y media, me despierto con los brazos y las piernas en su sitio, pegados a mi cuerpo, el sol no ha salido todavía, está esperando, en el pub que hay a pocos metros de mi casa los últimos bebedores de la noche se tambalean y discuten de algo que no puedo entender, sus palabras son inconexas y el tono de sus voces parece que son de otro mundo, desayuno, enciendo la televisión y mi cabeza está despejada, contenta de permanecer un día más sobre mis hombros; he quedado a las ocho con Experiencias de un corredor novato y con Carles Aguilar para salir a correr, quieren hacer una tirada de veinticinco kiklómetros en progresión geométrica, es decir, de menos a más, enpezando despacio y terminando un poco más deprisa que al principio, les quedan dos semanas de entreno antes de participar en la maratón de San Sebastián y espero y deseo de todo corazón que les vaya muy bien y que puedan alcanzar los objetivos que se han propuesto, han entrenado bien y a conciencia, con buenos ritmos en las series y con la inteligencia necesaria para que todo les salga a pedir de boca, no creo que vaya con ellos durante todo el recorrido, algo dentro de mí, una vocecita que apenas se escucha, pero que se entiende con toda claridad me está diciendo que con una hora y media ya tendré más que suficiente, lo más seguro es que los acompañe hasta Sant Pere de Ribes y una vez allí ellos seguirán hasta Sitges y yo regresaré a Vilanova porque la verdad es que esta semana sólo he salido cuatro días, en lugar de los cinco a los que estoy acotumbrado y eso me ha pasado factura, parecer ser que la totalidad de mis músculos lo han notado y en un arrebado de protesta y cabreo se han declarado en media huelga y a su manera me están castigando, haciéndome pagar el hecho de que me haya saltado un día de entreno, a las ocho menos cuarto el sol ya ha hecho acto de presencia, no hay ni una sola nube en el cielo y todo parece indicar que será una mañana calurosa, me dirijo al punto de encuentro, nos saludamos, nos interesamos mutuamente por nuestro estado de salud, comentamos muy por encima cómo nos han ido los entrenos de la semana y sin más dilación empezamos a correr, a ser verdaderamente lo que más nos gusta ser, salimos de Vilanova, nos vamos calentando, empezamos a sentirnos bien, estamos en lo nuestro, ya no somos tres tipos que trabajan ochos horas al día y que viven una vida que no sabemos muy bien si la deseamos, hemos cambiado en pocos minutos, el simple hecho de habernos puesto unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes nos ha cambiado para bien, incluso ha transformado nuestros sentidos, nuestra conciencia y nuestra percepción de las cosas, no existe nada más en este momento, sólo nuestras pisadas y nuestro cuerpo que se mueve y avanza ayudado por un braceo constante y regular, somos felices y estamos a gusto, no queremos nada más, no deseamos nada más, sólo que los kilómetros vayan cayendo uno detrás del otro y que la carretera no se acabe nunca, llegamos a Sant Pere de Ribes, me despido de Experiencias de un corred0r novato y de Carles Aguilar, quedamos emplazados para vernos el próximo domingo, ellos continúan direccción a Sitges y yo me vuelvo para Vilanova, total; una hora y treinta y cinco minutos; estiramientos, ducha obligada, bocadillo de atún, cerveza rubia y bien fría que sabe a gloria bendita y por la tarde, después de comerme un buen plato de pasta integral, café con leche en compañía del Indio Ziur y dos horas y media de amena e interesante conversación sobre todo lo humano y lo divino de este mundo.