domingo 31 de enero de 2010

Domingo, 31 de Enero.

Por primera vez en muchos meses, por no decir en muchos años, la naturaleza me ha puesto en mi sitio y las reservas de mi cuerpo me han dado un serio correctivo; esta mañana he salido a hacer un rodaje de veinticinco kilómetros, he descartado los treinta, y si bien durante los diecinueve primeros me he sentido muy entonado y con muy buenas sensaciones, a un ritmo de cuatro cuarenta y cinco, la verdad es que los seis últimos han sido un verdadero suplicio, he padecido como nunca antes lo había hecho, como un cabrón, para decirlo alto y claro, estaba materialmente roto por dentro y por fuera, he sufrido la ostia para poder terminarlos, las piernas no me respondían, era como si estuviera levantando dos bloques de cemento armado, más que correr parecía como si me estuviera arrastrando por el asfalto, con la lengua fuera y la respiración rota en mil pedazos, si es que puede expresarse así; no había manera de avanzar, no hacía más que mirar el cronómetro y pensar en pararme y acabar andando y mandar el entreno a la mierda y decirme a mí mismo que mañana será otro día; de todas formas, y apesar de lo mal que lo estaba pasando y de los pensamientos negativos que no hacían más que atentar una y otra vez contra la estabilidad de mi mente, he conseguido terminar corriendo, bajando considerablemente el ritmo, y ahora, una vez en casa y ya repuesto del todo, pensando en qué me ha podido suceder, creo que he cometido el error de subestimar la fortaleza de mi cuerpo y creer que soy incombustible; la razón es muy sencilla: después de treinta días en los que no he hecho prácticamente nada, ésta era la primera semana que empezaba a correr de nuevo; he salido seis días y he hecho un total de noventa kilómetros; ahí está el quid de la cuestión, me he pasado de voltios, he dado cuatro vueltas de tuerca, he apretado demasiado el tornillo hasta dejarlo inservible, he sometido a mi corazón a un trabajo desmedido y hoy lo he pagado; ahora ya estoy bien, la desmotivación y la mala leche con las que he terminado el rodaje han pasado a mejor vida y en lugar de plantearme bajar el kilometraje semanal mi cabeza ya me está convenciendo de lo contrario, me dice que no me arruge, que no dé excesiva importancia a un pinchazo pasajero, que lo de esta mañana ha sido lógico y puntual y que por nada del mundo deje de someter a mi cuerpo al trabajo al que estoy acostumbrado, es decir, seguir saliendo seis días a la semana, alternando cuestas y cambios de ritmo y tirada larga los domingos; mi cabeza es mi cabeza y la verdad es que me la quiero mucho y siempre he respetado sus opiniones y he puesto en práctica los consejos que me ha dado a lo largo de la vida; no será hoy el primer día que la traicione y voy a hacerle caso; si esta mañana mis sensaciones estaban por los suelos y casi habían desaparecido de mi estado de ánimo, ahora, a las siete y veinte minutos de la tarde, como por arte de magia, mala hierba nunca muere, han resurgido de sus cenizas, se han levantado de entre los muertos, reorganizándose de nuevo y vuelven a ser buenas y positivas, lo cual quiere decir que paso página, cierro el libro, lo guardo en la estantería, me olvido de él y a partir del martes, mañana no puedo, tengo compromisos ineludibles, empezaré otra semana de kilometraje alto y tirada larga el domingo, ahí es nada.

viernes 29 de enero de 2010

Viernes, 29 de Enero.

Por falta de tiempo, y contrariamente a mis deseos, hoy he hecho sesenta minutos de carrera continua con seis cambios de ritmo de tres minutos cada uno; no ha estado nada mal, pero me he quedado con las ganas de correr media hora más y de esta manera completar lo que me había medio propuesto; de todas maneras no me quejo; la primera semana después de haber estado parado treinta días me ha resultado altamemte beneficiosa, mucho mejor de lo que había pensado en un principio; he salido a correr de lunes a viernes, cinco días seguidos, y habré hecho un total de sesenta y cinco kilómetros aproximadamente; eso sin contar el domingo, que si todo va bien, y me despierto con fuerzas, tengo intención de hacer una tirada de treinta kilómetros; a día de hoy el cuerpo me ha respondido bien, sin protestar apenas, y la cabeza sigue intacta, con ganas y muy, pero que muy lejos del cansancio y del aburrimiento, estado de ánimo, el aburrimiento, del que guardo muy malos recuerdos y que gracias a dios ya no he vuelto a experimentarlo nunca más;

jueves 28 de enero de 2010

Jueves, 28 de Enero.

Once y veinte de la noche, cansado y con sueño; fiel a una de mis rutinas preferidas no me quiero ir a dormir sin dejar constancia del entreno que he hecho esta tarde: una hora y veinte minutos de carrera continua acompañado de Carles Aguilar; sensaciones, como viene siendo habitual, bastante buenas; hemos terminado bien.

miércoles 27 de enero de 2010

Miércoles, 27 de Enero.

No sé por qué extrañas razones, pero la verdad es que la subida que hay hasta la ermita de San Cristobal ejerce sobre mí un poder de atracción bastante difícil de explicar, lo reconozco: me gusta y me pone, como suele decirse vulgarmente; es acercarme a ella y mi cuerpo no tarda ni un segundo en ponerse nervioso e inquieto y antes de que pueda darme cuenta ya la estoy subiendo y bajando una y otra vez tanto por el lado derecho como por el izquierdo como por el centro e incluso en zig-zag y es como una borrachera de poder lo que siento cada vez que la subo porque noto bajo mis pies cómo la domino y la doblego y hago con ella lo que se me antoja en cada momento; no tiene nada de especial, como subida en sí misma no es nada del otro mundo, no es ni muy larga ni muy corta, un minuto es lo que tardo en subirla, tampoco su inclinación es un elemento a destacar y sin embargo hay algo en ella que me tira y me atrae de una manera casi enfermiza y esta tarde he vuelto a caer en sus redes y sin poder hacer nada para evitarlo la he subido diez veces, las suficientes para vaciarme y quedarme totalmente satisfecho, le he demostrado quién soy, con quién se la está jugando, quién manda aquí y después de haberme despedido de ella y de haberla dejado a mis espaldas he seguido corriendo y al final y según el cronómetro Calypso que suelo llevar en la muñeca del brazo izquierdo he hecho un total de una hora y treinta y tres minutos de entreno variado y un día más he terminado bien, contento con el comportamiento de mi cuerpo y con ganas de volver a salir a entrenar mañana; posdata: en lugar del párroco del otro día, ésta tarde, sentados ante la puerta de la ermita, había siete o ocho diablillos de unos diecieseís años aproximadamente que mientras yo me mataba a subir y a bajar ellos se entretenían a liar y a fumar porros y tal vez alucinaban y comentaban, divertidos entre sí, que ese loco de la gorra blanca y las mallas negras debía estar más colgao y más ciego que ellos porque hay que estar colgao y ciego de verdad para estar aquí subiendo y bajando tantas veces como un gilipollas con el frío de cojones que hace; no lo sé, tal vez tengan razón, aunque a estas alturas de la vida no me importa lo más mínimo.

martes 26 de enero de 2010

Martes, 26 de Enero.

Esta tarde a las siete menos diez de una tarde fría y anunciadora de futuros descensos de temperatura he salido a correr con el mismo ánimo con el que suelo hacerlo últimamente y con las zapatillas bien calzadas en los pies y una gorra con visera de color blanco protegiéndome no la incipiente sino la total calvicie que domina y corona mi azotea, he hecho una hora y treinta y cinco minutos de carrera continua intercalando diez cambios de ritmo de tres minutos cada uno y a fuerza de reconocer que soy un poco pesado en este tema debo admitir y admito y pregono a los cuatro vientos que el entreno de esta tarde anunciadora de futuras oleadas de frío también ha sido la ostia y además en vinagre, es decir, completo, equilibrado, divertido, variado en sus matices y aderezado con muy buenas sensaciones en el hemisferi0 derecho del cerebro y muy buenas respuestas inmediatas tanto en el corazón como en las piernas; tan buen cuerpo me ha dejado el entreno de esta tarde, que a estas horas de la noche ya ha pasado a mejor vida, que sin yo pretenderlo en ningún momento ha despertado en mí el instinto de la generosidad más desinteresada y sin pensármelo dos veces, después de haber estirado y de haberme duchado, le he dicho a mi hija que para celebrarlo la invitaba a cenar al Superpollo, un restaurante que tenemos cerca de casa en el que por un módico precio de seis euros puedes comer medio pollo, un plato bastante lleno de patatas fritas, un trozo de pan y una bebida a elegir o en su defecto una copa de cava; ni que decir tiene que nos hemos puesto las botas aunque durante unos días me vea obligado a purgar mi conciencia por haberme saltado tan a la ligera mi dieta vegetariana; de todas maneras no creo que haya sido tan grave; la ocasión lo valía.

lunes 25 de enero de 2010

Lunes, 25 de Enero.

Apoyado en el quicio de la puerta, ataviado a la manera tradicional (sotana negra y alzacuellos blanco) el párroco de la ermita de San Cristobal (Sant Cristófol en catalán, Smirnoff en arameo) ha sido testigo predilecto de mi entreno de esta tarde y cada vez que me acercaba hasta donde estaba él y giraba sobre mis pies para bajar la cuesta y volver a subirla, oía una voz detrás de mí que parecía decirme algo así como: "no corras tanto, hijo mío, Dios existe, no huyas de la verdad; no corras tanto, hijo mío, Dios existe, ven conmigo; no corras tanto, hijo mío, Dios existe, entra y lo verás", y así quince veces seguidas, durante cuarenta y tres minutos, todas las veces que subía corriendo hasta la ermita, saludaba al párroco con un gesto de la mano, que seguía apoyado en el marco de la puerta, sin moverse, mirándome, y cuando giraba y volvía a bajar la cuesta para volver a subirla un minuto después escuchaba o creía escuchar esa especie de voz detrás de mí que a pesar de su insistencia y sus malas vibraciones no ha conseguido que pensara en abandonar el entreno en ningún momento, primero, porque para mí un entreno es sagrado y pocas cosas exiten en esta vida que lo puedan truncar, y segundo, porque después del rodaje cansino del domingo mis piernas me exigían más movimiento, más energía, más actividad, más fuerza y más potencia y como que actualmente no estoy siguiendo ningún plan específico de entrenamiento no estoy obligado a nada y me dejo llevar por las necesidades de mi cuerpo y hago cada día el tipo de entreno que más me llama la atención y el que más se adapta a mis gustos y a mis caprichos y esta mañana, nada más abrir los ojos y levantarme de la cama y poner los pies en el suelo, ya había decidido que hoy haría quince subidas a la ermita de San Cristobal a ritmo medio-alto y cuarenta minutos de carrera continua por el paseo marítimo y así ha sido y al final me ha salido un total acumulado de una hora y veinticuatro minutos de buenas y mojadas sensaciones (estaba lloviendo) y gratos momentos de exaltación personal por haber comprobado que día a día voy recuperando la forma, me voy encontrando mejor y me lo sigo pasando en grande y divirtiéndome de lo lindo incluso cansándome, pasando frío y mojándome desde la cabeza hasta los pies... "no huyas de la verdad, Dios existe"... han pasado ya unas cuantas horas y esa especie de voz todavía no se ha marchado del todo de mis oídos, espero que me deje dormir y pueda conciliar el sueño, tal vez todo sea producto del cansancio.

domingo 24 de enero de 2010

Domingo, 24 de Enero.

Si por una de esas casualidades de la vida fuera un personaje público y asiduo visitante de los medios televisivos y algún o alguna periodista a la caza de notoriedad me hiciera una entrevista y me preguntara ¿qué tal se siente esta mañana, señor Binoy?, le contestaría que de puta madre; y si ese mismo o esa misma periodista, viendo el filón abriéndose a sus pies, me preguntara ¿y por qué se siente tan bien, señor Binoy?, le constestaría que me siento así de bien y estoy así de satisfecho y tan enamorado de la vida porque esta mañana he salido a correr a las siete y media, antes de que apareciera el sol, y poco a poco, paso a paso, kilómetro a kilómetro, recuperando viejas sensaciones y encontrándome cada vez mejor he completado un total de una hora y cincuenta y cinco minutos de rodaje y la verdad es que ha sido muy gratificante, mejor de lo que había pensado en un principio; no las tenía todas conmigo, creía que después de tanto tiempo parado en la esquina del reposo me costaría hacer un rodaje tan largo y me asaltaría algún que otro pensamiento negativo, pero no ha sido así, he controlado los ritmos, no me he sentido excesivamente cansado en ningún momento, he pensado incluso que mi participación en la maratón de Barcelona no está descartada del todo a pesar del poco tiempo que queda y al final, cuando el periodista o la periodista me hubieran preguntado ¿y ahora qué va a hacer, señor Binoy?, les hubiera contestado nada de especial, disfrutar del momento, mantener en la boca el buen gusto dejado por el entreno de hoy, pensar en el de mañana, seguir corriendo con cabeza y con buenas dosis de prudencia y antes de coger el tren para ir a comer a Barcelona con mi hija sentarme ante la pantalla del ordenador, trabar amistad inmediata con la musicalidad natural de las palabras y acto seguido explicarles a mis amigos blogueros todo esto que acabo de escribir, nada más y nada menos, así de sencillo; la vida es muy simple.

sábado 23 de enero de 2010

Sábado, 23 de Enero.

"Invisible", de Paul Auster, editorial Anagrama, altamente recomendable, sorprendente, casi, casi perfecto, !qué bien escribe ese tipo! Una vez más, y van muchas, la lectura de uno de sus libros me ha dejado un excelente sabor de boca, una grata sensación de placer en el estómago y muchas sorpresas. El próximo: "La noche de los tiempos", de Antonio Muñoz Molina, editorial Seix Barral; vuelve el Muñoz Molina de "El jinete polaco", garantía de buena literatura, ya veremos qué nos deparan sus 998 páginas.

viernes 22 de enero de 2010

Viernes, 22 de Enero

Después del sorteo que se celebró ayer por la noche en la habitación del señor Manuel Binoy las bolas de la suerte, una vez hubieron girado aletatoriamente en el interior del bombo, decidieron que el entreno de esta tarde consistiría en una hora y veinte minutos de carrera continua, intercalando once cambios de ritmo de dos minutos cada uno a un ritmo no demasiado alto y eso es exactamente lo que he hecho esta tarde cuando he llegado a casa depués de trabajar; en un principio no las tenía todas conmigo porque las agujetas todavía siguen pegadas, adheridas a mis piernas y la verdad es que he tenido unos segundos de dudas y he estado a punto de acobardarme y quedarme sentado en el sofá, pero gracias a dios o a quien sea me lo he pensado mejor y sobreponiéndome a todo tipo de razonamientos contrarios a mis deseos al final me he vestido para la ocasión, me he calzado las Nike Pegasus y he salido de casa con dirección al paseo marítimo y una vez allí he empezado a rodar tranquilo durante unos quince minutos aproximadamente y a partir de ese momento he empezado los cambios de ritmo a una velocidad inferior a la que suelo utilizar cuando hago series y a medida que el entreno iba aumentando en minutos y mi cuerpo de temperatura me he ido encontrando cada vez mejor conmigo mismo y más animado y más contento y más seguro y más convencido de que pocas cosas hay en esta vida que no se puedan conseguir cuando uno las desea real y sinceramente; ya sé que me repito mucho, ya sé que casi siempre suelo terminar mis entrenos con muy buenas sensacions tanto en la cabeza como en el resto del cuerpo, pero es que es verdad, no puedo evitarlo, es superior a mí, haga lo que haga, corra los minutos que corra, lleve a cabo un tipo de entreno u otro, lo haga solo o en compañía, corra más rápido o más despacio, lo cierto del caso es que siempre termino igual, satisfecho de lo que he hecho y sintiéndome muy bien, de puta madre, un privilegiado, cansado a veces, pero con ganas de irme a dormir y vover a despertarme al día siguiente para volver a hacer exactamente lo mismo que he hecho hoy; no quisiera que en mi vida actual se produjera ningún cambio, ni siquiera para bien; se llega a un momento en que lo que se busca es la continuidad; son las once y treinta y ocho minutos de la noche, mañana, como cada día de la semana menos el domingo, madrugo para ir a trabajar, mi hija se ha quedado dormida en el sofá, los ojos se me cierran y los dedos ya son incapaces de acertar la tecla adecuada como para poder seguir escribiendo con una mínima coherencia; así que antes de seguir diciendo alguna tontería más me despido, me disculpo por no poder contestar a todos vuestros comentarios por falta material de tiempo y a todos aquellos que tengan la posibilidad de leer estas palabras, un abrazo.

jueves 21 de enero de 2010

Jueves, 21 de Enero.

El entreno de hoy: veinticinco subidas, con sus respectivas bajadas, a la ermita de San Cristobal (Sant Cristófol en catalán) estiramientos y veintidós minutos de rodaje de enfriamiento; total de tiempo empleado: una hora y treinta minutos con muy buenas sensaciones y confirmando la total y absoluta mejoría; hoy me he sentido muy bien, con potencia y fuerza subiendo y recuperando bastante rápido y sin mayores problemas; debido a que sólo corro acompañado de un cronómetro Calypso que me costó veintinueve euros, no puedo facilitar, a los amantes de estas cosas, datos técnicos del entrenamiento como por ejemplo desnivel de la cuesta, altitud, distancia de la misma, pulsaciones, calorías consumidas, frecuencia cardíaca ni máxima ni mínima ni tantas otras informaciones que personalmente para mí carecen de importancia y no harían más que complicarme la existencia con tanto número y tanta gráfica, aunque reconozco que en según qué casos y en qué personalidades puede ser de una gran ayuda para alcanzar cierta mejoría en el rendimiento deportivo; sólo sé que desde el inicio de la cuesta hasta su punto final he tardado, todas las veces que he subido, un minuto aproximadamente y que como ya he dicho antes me he sentido muy bien, muy satisfecho, muy a gusto con lo que estaba haciendo y con el resultado que estaba obteniendo, bastante mejor de lo que había pensado, contento porque parece ser que tantos días de inactividad apenas me han dejado secuelas visibles; hoy he corrido muy suelto, muy controlado, sabiéndome fuerte, seguro de mis posibilidades, venciendo los pequeños momentos de debilidad a base de coraje o de cojones, como se quiera llamar, a un ritmo, a mi manera de ver las cosas, bastante equilibrado, entre un siete y un ocho y medio en una escala del uno al diez; decir por último que hoy me iré a dormir ligeramente cansado, pero en paz y con la esperanza muy abierta.

miércoles 20 de enero de 2010

Miércoles, 20 de Enero.

Con alguna que otra agujeta en cada pierna, pero con muchas ganas en el resto del cuerpo, el entreno de esta tarde ha consisido en un rodaje suave y tranquilo de una hora y veintinueve minutos, a cinco minutos y medio el kilómetro aproximadamente; ya es lo que buscaba, lo que seguiré buscando durante algunos días más, rodar sin presión, solo, con el único propósito de acumular kilómetros, fortalecer las piernas, acostumbrarlas a correr de nuevo e ir cogiendo confianza poco a poco.

martes 19 de enero de 2010

Martes, 19 de Enero.

Después de la empanada mental, por llamarlo de alguna manera, con la que me fui a dormir ayer por la noche, me he despertado esta mañana con los compartimentos estancos de mi cerebro cerrados a cal y a canto, con doble cerrojo y triple llave y cerradura de cemento armado, a salvo de cualquier interferencia externa que pudiera dar al traste con mi firme propósito de salir a correr esta tarde y así ha sido; no han habido sorpresas de última hora, ni accidentes inoportunos, ni llamadas de teléfono no deseadas, ni obligaciones en el último instante de la jornada laboral, ni mandatos imperativos del destino, nada durante todo el día que me haya apartado, ni una décima de segundo, de esa decisión meditada y pactada conmigo mismo; ni siquiera la espectacularidad del cuerpo de Airemi, su extrema sensualidad, su franca sonrisa, sus hábiles dedos viajando por mi pecho y llegando puntualmente y con ternura a la única neurona que dicen que tenemos los hombres, su lengua dulce y con sabor a manzana golden, sus experimentados labios que más que besar te llevan a un reino de sensaciones desconocidas, esos senos pequeños y redondos que tanto me gusta tener entre mis manos, esas piernas largas y fáciles de acariciar en las que siempre me pierdo y me entretengo más de la cuenta, su cuello de cisne que con sólo besarlo se me pone la carne de gallina entregada, sus orejas perfectamente delimitadas y simétricas que reciben con pasión desmedida mis susurros más íntimos, su manera tan especial y atractiva de moverse y quitarse y quitarme la ropa, sus dientes blancos como puntos relucientes y rutilantes en medio de la noche más cerrada y oscura y el sexo de ella siempre cercano y generoso y abundante y dispuesto a recibirme y a hacerme el hombe más feliz y dichoso de la tierra toda; ni siquiera todo eso, que es lo que más deseo y anhelo y amo en este mundo, hubiera sido capaz de apartarme de mi decisión; hoy tocaba correr de verdad, en serio, sin concesiones, poniendo toda la carne en el asador y poniéndome a prueba a mí mismo, comprobar in situ, sobre el asfalto o mejor sobre una superficie blanda, en qué estado de forma me habían dejado tantos días de inactividad y qué daños colaterales me habían causado tantos días sentado en un sillón; la tarde acompañaba, la temperatura era la ideal, la velocidad del viento la perfecta para correr, el color del cielo el más adecuado para la visión, la humedad relativa del aire la justa para no quedarse calado de frío hasta los huesos, el paseo marítimo estaba que te cagas, en su máximo esplendor, rebosante, atractivo, vibrante, impaciente por recibirme, las olas del mar llegaban y se iban en un vaivén monótono y silencioso, la arena de la playa estaba desierta y descansada y fría, todo estaba preparado para dar cobijo y apoyo al resurgir de un runner, al reencuentro de ese runner con sus sensaciones más hondas; ha sido acojonante no por los ritmos ni por la velocidad ni por la calidad del entreno en sí, sino por el momento vivido, por el instante, por lo que se ha sentido ahí donde se sienten ese tipo de cosas y por haber podido correr durante una hora y quince minutos sin miedo y sin dolor y con total entrega y libertad y feliz y contento y dichoso y siendo una vez más, después de muchos días sin haberlo podido ser, un hombre normal y corriente al que simplemente le gusta correr. Os quiero, sois cojonudos.

lunes 18 de enero de 2010

Lunes, 18 de Enero.

Positiva visita al traumatólogo, palabras textuales del doctor Sala: "corre todo lo que quieras, poco a poco durante los primeros quince días y olvídate para siempre de tus costillas, están perfectamente, las molestias que sientes según qué movimientos haces se deben a la inflamación que de aquí a unos días desaparecerá por sí sola, que tengas mucha suerte en la próxima maratón que vayas a participar y en el fondo reconozco que te envidio, no sé cómo tienes ganas de seguir corriendo después de haber hecho trece maratones, yo no podría correr ni trescientos metros seguidos sin ahogarme." Apretón de manos, mutuos deseos de felicidad, simpático doctor, salida de la consulta con la sensación de haberme quitado un peso de encima y con el firme propósito de tomarme sus palabras al pie de la letra, liberación total y absoluta, vuelvo a ser el mismo de antes, el primer día de trabajo después de tres semanas y media de baja me ha sentado de puta madre, no porque sea un adicto al trabajo, sino porque por fin he vuelto a mi querida y deseada rutina, son las diez y cuarto de la noche, hace escasamente pocos minutos que he llegado a casa y entre que ya es demasiado tarde y mi hija me está exigiendo que le prepare la cena no tengo más remedi0 que olvidarme de salir a correr; además está lloviendo, no intensamente, pero es una lluvia que moja y cae de arriba a abajo como casi todas las lluvias que he tenido la suerte de vivir a lo largo de mi dilatada experiencia, experiencia que por otra parte pienso, a veces, que no me ha servido de mucho, aunque esto último que acabo de escribir no sé muy bien por qué lo he escrito, pero seguro que ha sido por algo que en este momento se me escapa y la verdad es que no tengo ni ganas ni tiempo ni de pensar en ello ni de concretarlo en mi cabeza, pensamientos, los míos, que siempre han sido un poco dispersos y en ocasiones, por no decir casi siempre, me cuesta sintetizarlos y resumirlos en pocas palabras como por ejemplo podría hacerlo un poeta, un científico o cualquier persona que tuviera la mente perfectamente ordenada; no quiero decir con esto que me considere un ser desordenado, no lo soy, no me lo considero, en mi casa todo está en el sitio que le corresponde, no hay nada fuera de lugar, cualquier cosa que se busque se encuentra con suma facilidad y en mis armarios la ropa no se mezcla, no se confunde, no hay posibilidades de error, cuando vas a buscar una camisa no te encuentras un pantalón y cuando vas a descolgar una cazadora no te quedas con unos calzoncillos en la mano, es decir, en mis armarios no hay alimentos congelados y en mi nevera no guardo la bicicleta estática; desde muy pequeñito me enseñaron a organizar mi cerebro en compatimentos estancos y siempre lo he hecho así y así lo voy a seguir haciendo hasta el día que muera, si es que me muero algún día, que esto todavía está por ver; lo que sí dejará de funcionar el día menos pensado será mi corazón, es decir, el motor que mantiene en funcionamiento mi cuerpo como otro motor mantiene en funcionamiento una lavadora o un coche o cualquier otro objeto; pero yo no soy ni mi corazón ni mi cuerpo, yo soy otra cosa, algo (todavía no sé el qué) que puede vivir perfectamente fuera del cuerpo que me ha tocado en suerte, una energía, un ente sin forma, una nube, un suspiro, una luz, un hálito, un pálpito divino, una entidad que ha ido pasando de cuerpo en cuerpo y seguirá pasando de cuerpo en cuerpo eternamente y sin morirse nunca, sin desaparecer nunca, sin apagarse nunca; no tengo mucha memoria, pero estoy casi seguro de que llevo viviendo muchos siglos y he sido testigo mudo de todo lo que ha ocurrido desde el principio de los tiempos; no lo sé, ya es muy tarde y empiezo a estar cansado y a tener un poco de sueño; lo único que sé con certeza, y eso no me lo quita nadie, es que mañana por la tarde, después de trabajar, alrededor de las siete, caiga quien caiga y pase lo que pase, saldré a correr y seré yo, o tal vez no, porque en días como hoy me da por pensar que igual no somos quienes creemos que somos, que puede haber otra realidad exactamente igual a ésta habitada por otros seres exactamente igual a nosotros, los famosos dobles, el mundo paralelo, la realidad simétrica, la vida al otro lado del espejo; ante ese mismo espejo quién es el listo que me dice a mí cuál de las dos imágnes es la verdadera; al otro lado de ese espejo ante el cual nos afeitamos y nos lavamos los dientes el otro puede estar pensando lo mismo que nosotros, pero bueno, todo esto no son más que conjeturas, uno de los tantos misterios que por muchos siglos que pasen nunca acabaremos por desvelar; hay tantos misterios, tantos lados oscuros, tantas lagunas en el ser humano, tanta capacidad cerebral por desarrollar, tanta vida espiritual por descubrir, tanta prepotencia y tanta falsa modestia en los pocos que nos gobiernan y manipulan a su antojo que para poder sobrevivir con cierta dignidad sólo nos queda vivir de acuerdo con nuestra conciencia, la única a la que no se puede engañar, !eso sí que es grande!

domingo 17 de enero de 2010

Domingo, 17 de Enero, cincuenta minutos más.

Después de haber puesto un poco de orden en mi casa, consecuencia de la fiesta pijama que organizó mi hija la noche pasada (seis pre-adolescentes de doce años que no me dejaron conciliar el sueño hasta las cinco de la madrugada) ésta mañana, dentro de mi plan de recuperación, he salido a rodar por el paseo marítimo y bajo un sirimiri constante y muy fino, con una temperatura en el ambiente no demasiado fría, he completado un total de cincuenta minutos de rodaje tranquilo y pausado, sintiendome bien en todo momento y muy a gusto mojándome y corriendo y pensando que dentro de muy pocos días ya estaré en condiciones de ir aumentando paulatinamente la distancia y la intensidad y así volver a reencontrarme con esas viejas sensaciones que tanto encuentro a faltar en el día de hoy; por la tarde, después de comer, café y variada conversación con Carles Aguilar y el Indio Ziur; eso es todo amigos, como diría un conejo animado de mis años infantiles.

sábado 16 de enero de 2010

Sábado, 16 de Enero.

Siguiendo con mi lenta y paciente búsqueda de un óptimo estado de forma, ayer por la tarde, después de haber descartado la caminata de dos horas, hice sesenta minutos de bicicleta estática y aunque las sensaciones que te quedan después del ejercicio no son las mismas que te proporciona la carrera a pie, acabé medianamente contento porque al menos sentí el placer del cansancio y dí un poco de vidilla a los músculos de mis piernas todavía flojas y algo perezosas. Esta mañana, a las diez, y aprovechando que el sol ha hecho acto de presencia en toda su plenitud, he salido a rodar por el paseo marítimo, y evitando pasar por el mismo sitio por el que resbalé hace ya algunos días y con muchas ganas de aumentar la distancia y la intensidad, pero todavía con prudencia y la cabeza fría, he hecho un total de cincuenta minutos a ritmo muy lento, sintiendo que a mis piernas todavía les falta rodaje para empezar a correr de verdad. El lunes por la tarde tengo hora concertada con el traumatólogo y en función del resultado de la radiografía, una vez me confirme la total recuperación y me dé permiso para hacer vida normal sin riesgo de sufrir una recaída, ése será el momento de empezar a tirar la casa por la ventana e incluir cuestas y cambios de ritmo suaves en los entrenos para ir poniendo rumbo a la total mejoría.

viernes 15 de enero de 2010

Viernes, 15 de Enero !Por fin!

Haciendo caso de los dictámenes de la prudencia y del sentido común y apoyándome en los sabios consejos de mis amigos blogueros tenía más que decicido no salir a correr hasta el domingo que viene, pero un encuentro fortuito con mi amigo Toni Sánchez, runner donde los haya, máquina incombustible, mientras me dirigía al supermercado para poner remedio al vacío de mi nevera, dio al traste con la determinación que muy a mi pesar ya había asimilado y bastó que después de interesarse por mi estado de salud me preguntara ¿vas a salir hoy? para que sin pensármelo dos veces le dijera que sí, que me esperara a las siete en el paseo marítimo y sin tenerlas todas conmigo, con ciertas dudas y un poco de miedo por salir a correr después de veintincinco días sin hacerlo, me fui a casa, dejé las bolsas de la compra en la cocina, me cambié de ropa, me calzé las Nike Pegasus, me coloqué un gorro en la cabeza, unos guantes en las manos, abrí la puerta de mi casa, bajé las escaleras y a la altura de la rambla empecé a correr muy despacio, pendiente en todo momento de mis costillas, esperando que un aviso de dolor me hiciera regresar a los pocos minutos, pero viendo que éste no aparecía y nada en mi cuerpo protestaba seguí corriendo con prudencia, llegué al punto donde habíamos quedado, también estaba Marina Prat, otra máquina incombustible, excampeona de España de maratón, ejemplo de vitalidad para muchos, pactamos un ritmo muy tranquilo y al final conseguí correr cincuenta minutos sin apenas sentir ninguna molestia; contento y esperanzado, así se podría resumir mi salida de ayer; me gustó reencontrarme con sensaciones que ya casi había olvidado; hoy lo más seguro saldré a caminar un par de horas o haré algo de bicicleta, todavía no lo tengo decidido, dependerá del tiempo que haga esta tarde; ahora sé que por fin puedo volver a salir y poco a poco ir recuperando la forma.

miércoles 13 de enero de 2010

Miércoles, 13 de Enero

Bueno, parece ser que en este rincón de la península todo vuelve a la normalidad, han desaparecido las lluvias de ayer, ha salido un sol primaveral y aunque todavía hace un poco de frío, no mucho, diez grados, esto es otra cosa y uno se levanta de la cama con un estado de ánimo más predispuesto a hacer cosas; ayer por la noche había quedado con el Indio Ziur para salir a rodar, tenía ganas, me siento totalmente recuperado, la fisura de mis costillas ha pasado a mejor vida, ya pertenece al pasado más remoto, casi ni me acuerdo de ellas, mi mente ya está pensando en correr de nuevo, en volver a retomar la rutina a la que estaba acostumbrada y a volver a disfrutar de los entrenos y de los proyectos más inmediatos, aunque si tengo que ser sincero diré que por primera vez en muchos años he sabido ser prudente y controlarme y haciendo caso a los consejos de mis amigos blogueros he reprimido mis deseos de salir a correr, he llamado por teléfono al Indio Ziur y le he dicho que voy a esperar unos días más y que el domingo que viene me parece un día perfecto para empezar de nuevo; han sido cuatro semanas en el dique seco en las que destacaría mi tendencia natural al pesimismo y a dejarme envolver por una sensación de apatía y desánimo general cuando por una circunstancia u otra no puedo salir a correr, lo que me lleva a pensar que tal vez dependo demasiado de este deporte, por llamarlo de alguna manera, ya que para mí es mucho más que eso, pero bueno, ahí está.

domingo 10 de enero de 2010

Domingo, 10 de Enero.

Cuando me he despertado esta mañana mi prrimera intención ha sido la de salir a rodar unos sesenta minutos para volver a tomar contacto con las buenas sensaciones que siempre me ha proporcionado este deporte, pero después de haberlo pensado detenidamente he llegado a la conclusión de que lo más inteligente por mi parte sería pactar con la prudencia y esperar tres o cuatro días más para dar tiempo a que mis costillas se acaben de recuperar totalmente y evitar así una recaída que lo más seguro no soportaría y me pondría de muy mala leche; de todas maneras no me he quedado parado y en lugar de salir a correr (no hay mal que por bien no venga, hacía un frío de narices) me he quedado en casa y he hecho una hora y media de bicicleta acabando muy cansado, supongo que debido a la inactividad que he tenido que sufrir estos últimos días.

sábado 9 de enero de 2010

Sábado, 9 de Enero, un día cualquiera de estos últimos.

Abro los ojos a las seis o a las siete de la mañana, sin necesidad de ningún despertador, por la fuerza de la costumbre, de memoria; pongo los pies en el suelo, me levanto del sillón en el que he intentado dormir y compruebo con desesperación que las costillas todavía me duelen, voy a la cocina, pongo la cafetera en el fuego, voy al lavabo, dejo que mi cuerpo cumpla con sus necesidades fisiológicas, vuelvo a la cocina, me preparo un café con leche, me lo bebo, como algo y me tomo el primer antiinflamatorio del día; voy al comedor, enciendo la televisión, vuelvo a sentarme en el sillón que estos días me hace de cama y me entretengo cambiando de canal hasta que encuentro uno que pueda interesarme, generalmente me detengo en alguno que den noticias, documentales, entrevistas o algún programa deportivo hasta que sin saber muy bien por qué (no tengo nada que hacer ni ningún sitio adónde ir) decido que ha llegado el momento, complicado y molesto para mí, de afeitarme, ducharme, lavarme los dientes y vestirme de calle para volver a sentarme en el mismo sillón en el que estaba antes y después de otro buen rato mirando y escuchando la televisión cojo La noche de los tiempos, abro el libro por la página donde tengo el punto y voy leyendo tranquilamente, metiéndome en la historia que me cuentan, dejando pasar los minutos, disfrutando de la lectura hasta la hora de la comida (el hecho de estar momentáneamente instalado en casa de mi madre me facilita las cosas y me ahorra la molestia de tener que cocinar) comemos, charlamos, comentamos muy por encima aspectos de la vida, del mundo, de la situación actual de la política y de la familia en general, ingiero el segundo antiinflamatorio del día, tomamos café, me levanto de la mesa, vuelvo a sentarme en el sillón que ya se amolda sin dificultades a la anatomía de mi cuerpo y a medida que en la televisión voy escuchando las noticias del mediodía me voy durmiendo lentamente hasta que por fin pierdo la conciencia y cuando salgo de la siesta y vuelvo a despertarme me duelen las costillas, me incorporo ligeramente, adopto una posición más cómoda y menos dolorosa en el sillón y sigo sentado en él y vuelvo a coger el libro que estaba leyendo, lo abro por la página en la que me había quedado y sigo leyendo hasta media tarde, hora de la merienda, un café con leche y una ensiamada o un croissant o lo que se tercie; el tercer antiinflamatorio del día entra en mi estómago a la hora que le corresponde; son las ocho de la tarde y desde este momento y hasta la hora de la cena los acontecimientos se van desarrollando sin ningún interés digno de mención, hablo por teléfono con mi hermanos, recibo la visita de algún amigo, comento con mi madre lo aburrido y asqueado que estoy con este contratiempo que me está tocando vivir, leo vuestros blogs y escribo algún que otro comentario y así va transcurriendo el tiempo hasta que llega la noche y después de cenar y de ver un poco más de televisión me dispongo a pasar otra madrugada, en la que siempre sentado en el sillón, intentaré dormir sin conseguirlo del todo, a trompicones, tres o cuatro horas seguidas como mucho, con paciencia, buscando la posición en la que el dolor sea más llevadero, dejándome llevar por el lento y silencioso transcurrir de los minutos hasta que poco a poco amanece un nuevo día y vuelta empezar, abro lo ojos a las seis o a las siete de la mañana, sin necesidad de ningún despertador, por la fuerza de la costumbre, de memoria...

viernes 8 de enero de 2010

Viernes, 8 de Enero

Buenos días por la mañana a todos los blogueros que en el mundo han sido, estamos cubiertos de nieve en el total de la península ibérica, el viento y el frío amenazan nuestro bienestar, hay que tener cuidado con los resbalones y las caídas aparatosas, os lo digo por experiencia, tened cuidado si os aventuraís y salís a correr por esos caminos de dios, que ninguna imprudencia os impida seguir preparando vuestros planes de entrenamiento, somos fuertes, somos invencibles, estamos tocados por una mano generosa y especial, estamos muy por encima del resto de los mortales, tenemos una mente y un corazón a prueba de bomba, unas piernas bien dotadas para la carrera a pie, pero no somos dioses ni supermanes ni héroes dotados con poderes sobrenaturales, muy en el fondo, aunque nos duela reconocerlo, también somos humanos y una simple capa de hielo en el suelo puede ponernos en nuestro verdadero sitio; son las nueve de la mañana y si tuviera que definir mi estado de ánimo en una sola palabra, ésta sería impaciencia; ya tengo ganas.

jueves 7 de enero de 2010

Jueves, 7 de Enero (Continuación)

Bueno, parece ser que la cosa está entrando en una dinámica de ligera y esperanzadora mejoría. Esta mañana he ido a visitar a mi doctora personal de la seguridad social y después de haberme preguntado, muy amablemente, cómo me encontraba y de haberme demostrado, a través de la mirada de sus ojos, que no le desagradaba en absoluto ni mi compañía ni mi simpatía natural y sin artificios, me ha pedido que me desnudara de cintura para arriba y con un tono de voz que me ha sonado a música celestial me ha dado insstrucciones precisas para que me colocara correctamente ante la pantalla de rayos y respirara hondo y aguantara el aire durante unos segundos, el tiempo suficiente para inmortalizar con un clic la osamenta de mi caja torácica; resultado de la radiografía, positivo; aunque no podía distinguirse claramente parece ser que la fisura ya ha pasado a mejor vida, noticia ésta última que me ha dejado muy contento y me ha elevado bastante los ánimos, aunque todavía esperaré unos días antes de salir a correr por aquellas cosas de la prudencia y de un resquicio, muy pequeño. apenas perceptible, de dolor cuando estornudo; el viernes y el sábado seguiré con la cura de reposo y a partir del domingo iré combinando la bicicleta estática por las mañanas, antes de ir a trabajar, y rodajes lentos y muy suaves por las tardes, después de trabajar; la verdad es que ya tengo ganas de moverme y de sentirme vivo y de volver a disfrutar de las buenas sensaciones y de tener la cabeza ocupada con planes de entrenamiento; mis próximos objetivos a corto plazo pasan por la maratón de Barcelona (iré a terminarla, en plan entreno de tirada larga) y la maratón de Madrid, siempre y cuando no vuelva a caerme, me respeten las lesiones, llegue en buena forma y mi situación económica me lo permita; a largo plazo seguir disfrutando de la vida, de mi compañía y del correr.

Jueves, 7 de Enero

Desagradecidos reyes magos del lejano y conflictivo Oriente: En vista de que no me habéis hecho caso y os habéis pasado por ahí la petición que os hice en la carta que os envié hace dos días, sabed que me habéis defraudado en lo más hondo de la esperanza y que el año que viene no hace falta que os molestéis en venir a visitarme porque aunque me roguéis y me roguéis no os pienso dejar ninguna ventana abierta y cerraré todas las puertas de mi casa con doble llave para que no podaís entrar; lo siento; donde las dan las toman.

martes 5 de enero de 2010

Martes, 5 de Enero

Sabía que tarde o temprano tendría que vérmelas con él, llevaba días acosándome, intentando ponerse en contacto conmigo, esperando un momento de debilidad, un despiste por mi parte para hacerse dueño de la situación y conseguir sus objetivos; lo sabía y en previsión de futuras complicaciones había tomado todas las precauciones que estaban a mi alcance, incluso se me pasó por la cabeza la absurda idea de acudir a la magia negra o vender mi alma al diablo con tal de evitar lo que al final ha sido inevitable; reconozco que he subestimado su inteligencia, que he pecado de prepotente y que imbuido de lleno en mi suficiencia no he sabido ponerme en su lugar e imaginar los pasos que daría, la estrategia que utilizaría y los mecanismos que pondría en marcha para anular mis defensas e inutilizar todos mis cuidados y previsiones; pero lo que más rabia me da, lo que hace que me golpee la cabeza una y otra vez contra la pared, es el hecho de que lo conozco desde hace muchos años, es un viejo conocido, está en el mundo desde el principio de los tiempos, es muy difícil localizarlo en un sitio concreto, viaja incluso más rápido que la velocidad de la luz y su invisibilidad lo convierte en un ser mortífero y letal, no hay nada que hacer, ningún sitio dónde ir, ningún agujero donde esconderse, ningún refugio atómico donde refugiarse cuando aleatoriamente te escoge como víctima y decide fastidiarte; sé de su poder destructivo y la historia de la humanidad nos demuestra que es muy voraz y sanguinario y capaz de diezmar a una población entera en pocos meses, siempre suele actuar en la misma época del año y su cobardía es tan rastrera y ruin que sólo se atreve a cebarse en los más débiles; hasta ayer por la tarde estaba contento y orgulloso porque creía que esta vez había conseguido burlar su inteligencia y mantenerlo a raya y alejado de mí, pero desgraciadamente estaba equivocado, es invencible, su poder le debe venir de lo más hondo del lado oscuro de la maldad y no hay nada sobre la superficie de esta tierra capaz de neutralizarlo; estamos atrapados en sus redes, a merced de sus caprichos, somos simples marionetas en sus manos; sabía lo que me había pasado, conocía los detalles de mi resbalón del otro día, lo de las tres costillas fisuradas, del intenso dolor que estaba padeciendo y lo más seguro es que debía estar corriéndose de placer pensando en cómo aumentar la intensidad de mi dolor, esperando el momento oportuno, a que mi confianza hiciera que me relajara y descuidara la vigilancia y las medidas de seguridad que había adoptado, y fue en ese instante, justo cuando yo ya había cantado victoria, cuando se abalanzó sobre mí, entró en mi organismo desplegando toda su virulencia y utilizando con saña el arma que más daño hace cuando a uno se le fisuran o se le rompen las costillas; sí, amigos míos, estoy hablando del resfriado, ese hijo de puta que me está haciendo ver las estrellas y hace que me doble materialmente de dolor cada vez que con premeditación y alevosía y muy mala leche me lanza un estornudo, su arma más mortífera en este caso. UN POCO MAS TARDE. Queridos reyes magos del lejano y conflictivo Oriente: Aunque hace ya algunos años que he dejado de ser un niño permitirme que os escriba y os haga llegar esta carta no para pediros juguetes ni deseos de bondad para el resto de la humanidad, sino para rogaros encarecidamente que utilicéis vuestra supuesta magia y vuestros tan aclamados poderes para que mis tres costillas fisuradas acaben de soldarse de una puñetera vez y pueda volver a mis entrenos en perfecto estado de salud para después dejar constancia de ellos en este blog y así poder compartirlos con esos amigos míos que me leen y que yo también los leo a ellos y a los que empiezo a tener mucha, mucha envidia, porque mientras ellos pueden salir a correr cada día yo tengo que estar aquí sin poder moverme; apelo a vuestra bondad y a vuestra regia comprensión para que toméis cartas en el asunto y me solucionéis el problema lo antes posible, a más tardar esta misma noche; si mañana por la mañana, nada más abrir los ojos, compruebo que esta misiva ha surtido el efecto deseado, os doy mi palabra de honor de que aunque me cueste un esfuerzo descomunal volveré a creer en vosotros y el año que viene no os faltará ni agua ni pan para los camellos ni una copa de cava para vuestros selectos paladares; a la espera de un buen resultado final, recibir un cordial saludo de un runner francamente mosqueado.







lunes 4 de enero de 2010

Lunes, 4 de Enero (Continuación)

A falta de otra cosa mejor (me gustaría escribir sobre los entrenamientos que estaría haciendo si no fuera por un estúpido resbalón que ha dado al traste con mis proyectos más inmediatos, la maratón de Barcelona) me tomo la libertad de abusar de vuestro tiempo y de vuestra generosidad y sin más preámbulos por mi parte paso a daros unas cuantas pinceladas sobre mi persona con la sana y noble intención de estrechar todavía más los vínculos que nos unen y facilitar de esta manera un conocimiento más cercano y más real de este Manuel Binoy al que tenéis que soportar casi a diario; tengo cincuenta y dos años, bien llevados por cierto; vine a este mundo, sin yo haberlo pedido, un 26 de Abril de 1957 a las dos menos cuarto de la madrugada y bajo el signo de Tauro, cicunstancia que ignoro si tiene algún sentido; por esas cosas de la casualidad fui a parar a una familia de siete hermanos, cuatro varones y tres hembras, todos ellos bajo la protección de un padre y de una madre que entre otras muchas cosas me enseñaron a quererme y a respetarme a mí mismo y a los demás; voy a saltarme los primeros años de mi andadura por este valle de lágrimas, metáfora, porque fue una infancia como tantas otras y me detengo a las puertas de la adolescencia, época larga y conflictiva marcada por una acentuada tartamudez que inevitablemente me convirtió en un ser asocial, solitario, acomplejado y sin amigos; me recuerdo siempre solo, encerrado en mi habitación y siempre con un libro en las manos y escribiendo cosas en un papel; era la única manera de poder comunicarme con el mundo exterior sin que nadie se riera de mí; siempre hace gracia y muchas veces provoca la carcajada ver cómo un tartamudo intenta pronunciar más de tres palabras seguidas; todo eso, con el tiempo, me llevó a dos intentos de suicidio y empujado por la necesidad de escapar de mí mismo, qué iluso, a los diecisiete años recién cumplidos hice la maleta y me fui a malvivir primero a Mallorca, a fregar platos en un restaurante, un año y medio, y después a Bélgica, tres años, a construir carreteras y a limpiar los cristales de los edidificios más altos de Bruselas; cuando regresé a Barcelona ya no tartamudeaba, hablaba lo que no había hablado en el pasado y después de cinco años trabajando durante el día y estudiando por la noche dejé la facultad de Filosofía y Letras en el quinto año y por esas cosas tan extrañas que a veces tiene la mente no me licencié; tengo 28 años, me dejo llevar, me instalo en casa de mis padres, abrazo la vida nocturna de la Barcelona de aquella época y me convierto en un bohemio empedernido, alcohol, tabaco y hachís y conversaciones metafísicas en tabernas del barrio gótico y alrededor de unas cuantas botellas de vino tinto; trabajo los meses de verano repartiendo propaganda, haciendo encuestas a pie de calle, vendiendo libros a puerta fría, captando socios para el Círculo de Lectores, recogiendo fruta en Lérida y en Gerona y durante los meses de septiembre y octubre, durante varios años, me voy a vendimiar a Francia; los inviernos de esa época de mi vida son para mí, los dilapido; mi jornada de crápula enpieza a las ocho de la tarde y suele terminar a las nueve de la mañana, generalmete bastante tocado; el resto del día duermo; 33 años, la edad de Jesucristo; el ritmo de los acontecimientos, sin apenas yo proponérmelo, me lleva a sentar la cabeza, como suele decirse; entro a trabajar en una librería en la que estaré diez años y en la que forjaré mi profesión, por llamarlo de alguna manera; tengo mi primera experiencia sexual a los treinta y cuatro años y seis años después, a los cuarenta, soy padre por primera vez y a partir de ese momento es como si me hubiera tocado el gordo de todas las loterías porque es entonces cuando dejo de fumar y de beber y gracias a un buen amigo mío empiezo a correr y a sentirme mucho mejor y a disfrutar de las pequeñas cosas y de mí mismo y de todo lo que me rodea; soy feliz corriendo; a los cuarenta años descubrí que eso era lo que quería hacer en la vida y todavía hoy lo sigo queriendo; hace nueve años tuve que cerrar la librería porque me era del todo imposible competir con las grandes superficies y desde entonces trabajo en un restaurante vegetariano, haciendo de todo; hace un año y medio que me separé de mi mujer y actualmente estoy enamorado de Airemi; ella, el correr, este blog y sus seguidores (no lo digo por decir) son los cimientos de mi vida actual; perdonar por haberme extendido tanto, no era mi intención, me ha salido así.

domingo 3 de enero de 2010

Lunes, 4 de Enero

Aparte de no salir a rodar, intentar dormir, comer más de la cuenta, ver más televisión de lo que es recomendable para la buena conservación de la salud mental y de haber ganado un par de kilos por no haber podido quemar las calorías ingeridas, estos últimos días de obligado descanso me han servido, primero, para estar más horas con mi hija, y segundo, para disfrutar al máximo de una de mis otras pasiones, la lectura, empezando por Invisible, de Paul Auster; Ferdydurke, de Witold Gombrowicz; Bajo la isla, de Isabel Allende, y la Noche de los tiempos, la nueva obra maestra de Antonio Muñoz Molina, 958 páginas que he empezado a leer esta mañana y que como todo lo que ha escrito este señor me deparará muchas horas de placer y de satisfacción. Recuerdo, sin nostalgia, aquellos años de mi vida en los que prácticamente no hacía otra cosa que leer y leer, encerrado en una habitación de cuatro metros de largo por tres de ancho cuyas paredes estaban repletas de libros; leía empujado por una voracidad desmedida, intentando encontrar en las páginas de cada libro que abría las respuestas a las muchas preguntas que me hacía constantemente; era como una obsesión, casi una necesidad imperiosa, una tabla de salvación, un clavo ardiente al que me aferré durante muchos años y gracias al cual pude salir de lo más hondo de un pozo y vivir desde entonces en la superficie; recuerdo que llegaba a leer un promedio de cinco libros al mes, era una locura, algo así como una postura ante la vida, no me interesaba nada más, sólo leía y leía, me tragaba un libro tras otro, encontraba un autor que me interesaba y me leía toda su obra con una fe y una devoción que rayaban la obsesión más enfermiza, entraba en las librerías como el devoto que entra en un templo sagrado, acariciaba los lomos de los libros, los tocaba una y otra vez, los acariciaba, olía su interior, me gustaba poseerlos, el taco del papel, el olor de la tinta impresa, verlos en la estantería de mi habitación, perfectamente colocados por orden alfabético de autor, mis libros, todavía los conservo, aproximadamente son unos tres mil y pico, la mayor parte de ellos leídos y amados impulsivamente hasta que un día un buen amigo mío me dijo que lo que yo buscaba en la lectura con tanta urgencia él lo había encontrado corriendo, me invitó a correr con él, me convenció para participar en una carrera popular y luego en otra y en otra y así fue como poco a poco fui leyendo cada vez con menos ambición y corriendo cada vez más, sustituyendo paulatinamente la lectura por el running como fuente de estabilidad y elemento de búsqueda constante; cambié una religión por otra, dejé de ser un lector empedernido para empezar a ser un corredor habitual y así hasta el día de hoy. No me arrepiento del cambio. ¿Alguien puede decirme qué debo hacer para que me coincidan las fechas del encabezamiento? Gracias.

Domingo, 3 de Enero

Parece mentira comprobar de qué manera tan extraña una actividad tan normal y corriente como es el hecho de haber podido dormir ocho horas seguidas estirado en una cama, después de haber estado quince días intentando dormir sentado en un sillón sin apenas conseguirlo, puede cambiarte el carácter, removerte por dentro los cimientos, borrarte de un plumazo toda la tontería acumulada en la cabeza, quitarte de los ojos las telarañas del desánimo, dejarte limpio de pensamientos negativos y contradictorios, devolver a tu cuerpo los niveles normales de psicomotrocidad, restablecer en tu persona la libertad momentáneamente perdida o robada por una mala jugada del destino más esquinado y de una puñetera vez volver a sentir el placer de poder toser, respirar, estornudar, reir a pierna suelta y mover los músculos encargados de abrir y cerrar los esfínteres sin que el resto de tu cuerpo se doble en un rictus de intenso y agudo dolor; efectivamente, el día de hoy, domingo, tres de Enero del año 2010, pasará a formar parte de mi pequeña e insignificante historia como ser humano que habita en uno de los planetas más pequeños del sistema solar y quedará grabado, inscrito en mi biografía como el día en que por fin resurgí de las cenizas de la inmovilidad y volví a ser el runner que siempre había sido antes de que una fortuita caída diera al traste con una de mis aficiones más arraigadas en mi sistema cardiovascular y más entrelazadas entre las neuronas de mi cerebro; si no fuera porque desde hace dos semanas estoy instalado en casa de mi madre, en Barcelona, vine con lo puesto, hoy mismo me calzaría mis Pegasus, me enfundaría las mallas largas, la camiseta de turno y con la inocente alegría de un niño con zapatos nuevos saldría a correr dispuesto a disfrutar del ejercicio físico y a sentir de nuevo, ahí donde se siente lo que no se puede explicar con palabras, la grata sensación del cansancio, del esfuerzo y del sudor.

sábado 2 de enero de 2010

Sábado, 2 de Enero

Son las tres menos veinte de la madrugada; estoy completamente desvelado, no tengo sueño, los ojos completamente abiertos como si fueran dos platos de sopa o dos agujeros negros en medio del universo, mirando a un futuro que por primera vez en muchos años no tengo vislumbrado, se me escapa, ni siquiera puedo intuirlo como solía hacerlo años atrás, como si desde el presente no fuera dueño absoluto de lo que hago y tengo la extraña la sensación de que mi vida actual no la domino yo y tampoco la controlo, es como si no tuviera un suelo firme bajo mis pies, como si estuviera en constante estado de levitación y en lugar de andar estuviera flotando, moviéndome a merced del viento en lugar de ser mi cerebro el que me guiara y odenara lo que tengo que hacer y adónde tengo que ir; he vivido cincuenta y dos años y mirándolo friamente, si alguien me lo preguntara, no tendría más remedio que confesar mi ignorancia y admitir que no tengo ninguna prueba fehaciente que demuestre que realmente he vivido los años que digo que he vivido; la imagen es la de un hombre completamente desnudo en medio de cualquier desierto, solo y sin ninguna posesión que lo identifique, como si después de tantas horas en este mundo tuviera que empezar de nuevo o como si todas las experiencias acumuladas hasta el día de hoy no me hubieran servido para nada, es como si no tuviera memoria de mí mismo, me cuesta reconocerme, miro atrás y el Manuel Binoy que veo es un completo extraño para mí, un ser totalmente anónimo con el que no me idenfico ni en el más mínimo detalle; no significa esto que me arrepienta de haber sido el que he sido y de haber hecho lo que he hecho; todo lo contrario; si una vez muerto me ofrecieran la posibilidad de volver a nacer no vacilaría ni me temblaría la voz a la hora de pedir que por favor me dejaran volver a ser exactamente el mismo que fuí; creo firmemente que la razón más poderosa por la cual todavía sigo vivo y no he llegado a ningún trato con el suicidio, el verdadero motor que hace que me mueva y me despierte cada día por la mañana con ganas de hacer cosas, es precisamente el buen entendimiento y la sincera camaradería, la perfecta compenetración y el buen rollo que tengo con mi conciencia; creo humildemente que a lo largo de todos estos años siempre y en cualquier cicunstancia he hecho lo que creía que tenía que hacer y que nunca he hecho nada en lo que no hubiera creído; pienso que este convencimiento y esta seguridad es lo que me mantiene con vida y unido a este mundo; si algún día tuviera la más mínima sospecha de que me estoy engañando a mí mismo me quedaría tan vacío y tan desamparado, me vería tan cobarde y tan ruin, tan falso y con tan poco valor que me resultaría insoportable seguir viviendo, no superaría la verguenza que sentiría al mirarme en el espejo y ver la mentira en la que me habría convertido, en una palabra, no tendría cojones para soportarme; son las cuatro y veinte, el sueño sigue sin querer saber nada de mí, lo llamo, pero no me escucha, se hace el sordo, mi hija está durmiendo, la casa en completo silencio, sigo escribiendo empujado por la necesidad de hacerlo, hacía tiempo que no hablaba tanto conmigo mismo, todavía no sé si esta entrada la voy a publicar; por un lado pienso que no debería; todo lo que se está diciendo en ella son cosas que pertenecen a mi yo más íntimo y personal y creo que no tengo ningún derecho a obligar a nadie a leerlas; sin embargo, por otro lado, y habiéndome demostrado la clase de personas que sois los que soleís visitar mi blog, pienso que es bueno (al menos para mí) que la publique aún a riesgo de mostrar abiertamente mis insuficiencias, mis miedos y mis dudas; no sé lo que haré cuando finalmente el sueño decida que ya ha llegado el momento.

viernes 1 de enero de 2010

Viernes, 1 de Enero

A diferencia de los últimos siete años, y por circunstancias inherentes a mi voluntad, empiezo éste 2010 sin poder salir a correr, pero con el propósito de que el próximo día 11, si mis costillas me lo permiten, iniciaré mi fase de recuperación saliendo a rodar tranquilmente y sin ningún objetivo a medio plazo; antes de mi aparatosa caída estaba muy ilusionado y motivado para participar en la maratón de Barcelona; hoy ya no lo tengo tan claro; veremos cómo se desarrollan los acontecimientos; de momento me conformaré con ir cogiendo poco a poco el ritmo y el hábito de salir a correr; tiempo tendré de programar la temporada; la maratón popular de Madrid la tengo muy presente, me hace mucha ilusión correrla y a día de hoy no la descarto.