jueves 31 de diciembre de 2009

Para terminar con los balances de este año que ya se nos muere irremisiblemente y que dentro de muy pocas horas ya pertenecerá a nuestro pasado más remoto, sólo decir que desde el día veinte de este mes hasta ahora mismo mis entrenos o logros deportivos, para llamarlos de alguna manera, han sido los siguientes, todos ellos realizados desde un sillón orejero y con un gasto mínimo de energías y sin impactos contra el suelo, lo cual me ha prevenido de sufrir lesiones y sobrecargas musculares, cosa que para las personas de nuestra raza siempre es de agradecer. El lunes día 21, con el cuerpo maltrecho y dolorido desde la cabeza hasta los pies, recorrí cero kilómetros a ningún ritmo y sin ninguna sensación a destacar. El martes día 22, vislumbrando el negro futuro que me esperaba, volví a recorrer cero kilómetros a ningún ritmo y terminé descansado y sin ninguna gota de sudor recorriéndome el rosro. El miércoles día 23 cero kilómetros de nuevo, ritmo de marcha inexistente y durante todo el recorrido maldiciendo una y otra vez mi mala suerte. El jueves 24 un total acumulado de cero kilómettros en una sesión doble de mañana y tarde a ritmo de persona que no corre. El 25, viernes, salí con ganas y ampliando ligeramente el recorrido de mi circuito habitual hice un total de cero coma cero kilómetros a ritmo de cero y con cero sensaciones en la cabeza. El sábado 26 fue mi día de descanso. El domingo 27, como ya va siendo habitual entre los que nos dedicamos a este deporte, tocaba la tirada larga; fueron cero kilómetros en un tiempo de cero horas y cero minutos y terminé con muy mala leche y con el síndrome de abstinencia a las puertas de la locura. Lunes 28 rodaje suave de cero kilómetros otra vez y todavía sin poder dormir estirado en una cama como mandan los cánones de las buenas costumbres. El martes 29, cansado y aburrido de tanto rodaje cansino, decidí hacer seis series de cero kilómetros cada una y al final un ataque de tos incontrolado me dejó hecho una mierda y dolorido hasta la desesperación. Ayer, miércoles, día 30, ligeramente recuperado, volví a salir, hice un total de cero kilómetros en cero horas y cero minutos y ningún segundo y después de no haber estirado volví a sentarme en el sillón con la cabeza vacía de sensaciones agradables. Hoy, último día del año, descansaré, no pienso salir aunque el cuerpo me lo pida. Ergo sum.

miércoles 30 de diciembre de 2009

Jueves, 31 de diciembre

La verdad es que no soy muy aficionado a esa costumbre de hacer balances anuales y de ningún tipo, pero en esta ocasión voy a hacer una excepción para decir que una de las cosas más positivas y gratificantes que me han ocurrido en el transcurso de este año que ya termina ha sido haber tomado la decisión de abrir este blog, no por lo que haya podido escribir en él, sino porque la posibilidad de escribir a diario me ha permitido ponerme en contacto con vosotros y contar con vuestra presencia y vuestra compañía y vuestros ánimos y vuestro apoyo cuando ha sido necesario; de alguna manera que me resulta difícil explicar siento que he recibido mucho afecto por vuestra parte y esa oleada de sentimientos positivos que me habeís sabido transmitir borran de un plumazo y dejan insignificantes a cualquier otra cosa buena que me haya podido suceder a lo largo del 2009; aún a riesgo de pasar a la historia bloguera como un simplón y un sentimental de tres al cuarto no quiero acabar esta entrada sin decir que ahora mismo, a medida que voy aporreando las teclas del ordenador, estoy sintiendo mucho agradecimiento y un cariño muy especial, ¿por qué no decirlo?, hacia todos y cada uno de vosotros. Gracias y que tengaís un buen final de año y un mejor principio. Nos seguimos leyendo.

martes 29 de diciembre de 2009

Después de nueve días atrapado en una inmovilidad insultante hoy empiezo a vislumbrar el final del túnel; esta noche ya he podido dormir más de tres horas seguidas y parece ser que el dolor está remitiendo en su intensidad; tengo ganas de empezar a correr de nuevo, no he nacido para estarme quieto, el no poder moverme, el sentirme totalmente inútil, dependiente de los demás, me deprime y me hace comprender lo frágiles que podemos llegar a ser; el sillón en el que estoy intentando dormir desde hace nueve noches y en el que me paso sentado la mayor parte de las horas ya ha cogido mi forma o yo he cogido la forma de él; hay momentos en los que no sé quién es uno y quién es el otro; hay como un intercambio, una suplantación de personalidades: noto cómo mi corazón y mis músculos se van debilitando día tras día, volviéndose cada vez más flojos y perezosos, me costará volver a coger la forma que tenía antes de la caída, tendré que empezar a correr como si no lo hubiera hecho nunca, poco a poco, a ritmos muy lentos y con mucha paciencia; menos mal que mi cabeza y mi estado de ánimo se mantienen al margen, viajan en otro avión, vuelan a otra altura y apenas se resienten de la pasividad que mantiene al resto de mi cuerpo en el dique seco; así es la vida, el hecho de estar vivo; siempre, ante cualquier circunstancia adversa, hay que estar luchando, haciendo juegos malabares para no caer en el desánimo y mantenerse a flote, por encima de la línea de flotación y en todo momento al lado del optimismo, trabando amistad con las ganas de seguir haciendo cosas y de ir superando dificultades.

sábado 26 de diciembre de 2009

Séptimo día consecutivo intetando dormir sentado en un sillón; la recuperación de mis tres costillas fisuradas sigue su curso lenta y dolorosamente; continúo sin poder reir abiertamenre y en la medida de lo posible huyo de las situaciones cómicas como por ejemplo alguna que otra serie de televisión en la que predominan el humor o las ingeniosas ocurrencias de mi hija; actividades tan cotidianas como respirar, toser o incluso ir al lavabo y hacer fuerza se convieten para mí en todo un calvario ; los músculos de mi cuerpo, a base de ir acumulando inactividad, se van pareciendo cada vez más a los relojes blandos que en su día pintó Salvador Dalí; no he consumido tantas horas de televisión en toda mi vida como en estos últimos siete días: las noches se hacen eternas y la cabeza no deja de funcionar.

jueves 24 de diciembre de 2009

Lo primero de todo agradeceros de todo corazón vuestro interés y vuestra preocupación por mi largo silencio y después pediros disculpas porque a toro pasado reconozco que no os lo merecíais. Vuestra fidelidad y vuestros sentimientos de amistad hacia mi persona no son dignos de una actitud tan egoísta por mi parte. La razón por la que he estado callado durante tantos días ha sido puramente económica. Por no haber podido saldar una cuenta pendiente con los señores de Tele dos me cortaron el suministro a la red y me dejaron sin posibilidades de estar en contacto con vosotros; podía haber acudido a cualquier locutorio, pero la verdad es que entre el trabajo y los entrenos llegaba cansado a casa y después de haberme duchado y de haber cenado no me apetecía mucho volver a salir a la calle, Una vez solucionado el problema y ya fuera del pequeño bache económico por el que he atravesado vuelvo a retomar una de mis rutinas preferidas para daros de nuevo las gracias (la verdad es que a lo largo de estos meses os he cogido un gran cariño y unas buena dosis de respeto y de admiración) e informaros que a pesar de los inconvenientes económicos por los que estoy pasando no he dejado de creer en lo que siempre he creído y en ningún momento he dejado de lado las ganas de seguir siendo el que soy y de seguir haciendo kilómetros. En cuanto a esto último decir que desde la última entrada hasta el día de hoy he ido saliendo seis días a la semana haciendo un promedio de quince kilómetros cada vez que me calzaba las zapatillas y salía a correr. En el momento en el que escribo estas líneas estoy parado en el dique seco porque el domingo por la mañana, a las nueve y media, mientras corría por el interior del club naútico, tuve la mala suerte de pasar por encima de una placa de hielo que no ví y como resultado del resbalón y del golpe que dí contra el suelo me he fisurado tres costillas del costado izquierdo y ahora mismo estoy que no puedo ni respirar ni toser ni reirme ni estornudar sin sentir un intenso y agudo dolor que me hace ver las estrellas con una claridad más que meridiana. Duermo sentado en un sillón y me armo de paciencia a la espera de que las fisuras se vayan fusionando por sí solas, única manera de solucionar el problema, tiempo y más tiempo, un mínimo de veinte días antes de que pueda empezar a correr de nuevo, una verdadera prueba de fuego para mi estabilidad tanto mental como emocional. Os deseo a todos unas buenas fiestas y de nuevo os doy las gracias por ser como sois.