martes 30 de junio de 2009

Martes, 30 de Junio

Ayer por la tarde, a las ocho y media, después de haber asistido a la obra de teatro que protagonizaba mi hija y todavía cayéndome la baba ante su magistral interpretación, salí a correr con la idea de hacer doce kilómetros y al final me salieron dieciseís. Hoy, a un ritmo más tranquilo y relajado, he parado el cronómetro cuando llevaba una hora corriendo y calculando a groso modo habré hecho unos doce kilómetros aproximadamente.

domingo 28 de junio de 2009

Domingo,28 de junio

Buen entreno el de esta mañana con mi amigo Carles Aguilar, catorce kilómetros a un ritmo vivo y alegre por un circuito en el que ha habido de todo, subidas, bajadas, asfalto, montaña y pistas forestales. Hemos salido de Vilanova a las ocho y media, hemos llegado a Sitges cuarenta minutos más tarde y después de habernos refrescado hemos regresado al punto de salida con mucho calor en la cabeza y bastante satisfechos con el trabajo realizado. Después de los estiramientos de rigor cerveza bien fría, bocadillo de queso con pan con tomate y cada uno a su casa.

Sábado, 27 de Junio

Descanso.

Viernes, 26 de Junio

Me gustaría explayarme más a la hora de escribir, pero el hecho de tener el ordenador estropeado y la circunstancia de tener que acudir a un locutorio me condiciona bastante a la hora de jugar con las palabras y me veo obligado a consignar casi exclusivamente temas relacionados con los entrenos diarios. Esta mañana he vuelto a hacer sesenta minutos de bicicleta y por la tarde otros quince kilómetros de carrera continua por el paseo marítimo de Vilanova. Sensaciones, buenas

Jueves, 25 de junio

Con mucha fuerza de voluntad y haciendo un gran esfuerzo para mantener los ojos abiertos, ésta mañana, antes de salir de casa para ir a trabajar, he hecho sesenta minutos de bicicleta y por la tarde he salido a rodar durante una hora y veinte minutos, haciendo un total de quince kilómetros. La combinación de bicicleta y carrera a pie creo que me está dando buenos resultados y por el momento pienso seguir así.

miércoles 24 de junio de 2009

Miércoles, 24 de Junio

Después de la jornada petardera de ayer ésta mañana nos hemos encontrado más tarde que de costumbre, a las nueve y media, y bajo un cielo cubierto de nubes y con un vientecillo que se agradecía hemos iniciado el entreno con un poco de sueño en los ojos, comentando muy por encima cómo nos había ido la verbena de San Juán y cuando nos hemos querido dar cuenta ya estábamos de vuelta, parando el cronómetro en una hora y veintiocho minutos y el GPS diciéndonos que habíamos hecho un total de quince kilómetros y ochocientos metros. Fiel a mi costumbre de estos últimos días, antes de encontrarme con mis compañeros de fatigas, la verdad es que formamos un trío bastante compacto y unido en los mismos intereses deportivos, he hecho sesenta minutos de bicicleta y en líneas generales he terminado la mañana contento y satisfecho de cómo me estoy encontrando y de cómo está respondiendo mi cuerpo.

Martes, 23 de Junio

Antes de ir a encontrarme con mis amigos Carles Aguilar y Josep Antonio Córdoba para salir a rodar, ésta mañana me he subido en mi Proaction XLM y mientras miraba en la televisión un interesante reportaje sobre el genoma humano he hecho una hora de bicicleta incluyendo treinta series de un minuto y después, ya con mis compañeros de rodaje, entre los tres sumamos ciento sesenta años, nos hemos ido hasta Sant Pere de Ribas y hemos regresado a buen ritmo haciendo un total de dieciseís kilómetros y con muy buenas sensaciones a pesar del calor y de la humedad.

Lunes, 22 de Junio

Aprovechando que tengo dos días de fiesta, lunes y martes, y muchas horas para descansar y dar reposo a mis músculos, ésta mañana he hecho una hora de bicicleta, treinta series de un minuto, y unos dieciseís kilómetros de carrera continua por el paseo marítimo a un ritmo tranquilo, pero no dormido, encontrándome bien y sintiéndome mejor.

lunes 22 de junio de 2009

Domingo, 21 de Junio

Dieciseís kilómetros desde Sitges hasta la ermita de la Trinitat y regreso por el mismo camino. Muy buenas sensaciones.

Sábado, 20 de Junio

Descanso.

viernes 19 de junio de 2009

Viernes, 19 de Junio

Ligera molestia en la espalda derecha como consecuencia de haber dormido como mi madre me trajo al mundo, es decir, completamente desnudo, en bolas o en pelota picada y con la ventana abierta, sin haber tenido en cuenta que a ciertas edades conviene y es muy aconsejable evitar a toda costa las corrientes de aire y las brisas marinas nocturnas. Por lo demás todo de puta madre, muy bien, en plena forma, contento y eufórico, agradecido a la naturaleza por haberme dado el cuerpo que habito y a mi mente por haberme dejado llegar a unos niveles tan elevados de simplicidad que sin ningún miedo al ridículo puedo afirmar y afirmo que hoy por hoy no dudo ni un segundo en abrazar la felicidad de los idiotas. Por la tarde he salido a correr por el paseo marítimo, una hora y veintitrés minutos de tiempo, unos dieciseís kilómetros más o menos; he terminado bien, con ánimos suficientes para seguir viviendo.

jueves 18 de junio de 2009

Jueves, 18 de Junio

Aprovechando que hoy he podido cogerme el día de fiesta, ésta mañana he salido a correr con mis amigos y compañeros de rodaje Carles Aguilar y Josep Antoni Córdoba y después de habernos encontrado a las ocho y media de la mañana en el punto de reunión habitual nos hemos acercado hasta la vecina población de Sant Pere de Ribes por la carretera comarcal y hemos regresado a Vilanova y la Geltrú una hora y veinticinco minutos después, contentos, satisfechos del entreno, con muy buenas sensaciones en las piernas y con mucho calor en el cuerpo.

miércoles 17 de junio de 2009

Miércoles, 17 de Junio

Cuando esta mañana me he despertado y nada más abrir los ojos me he dado cuenta de que mi otro yo ya se había marchado me ha salido de lo más hondo de mí mismo un suspiro de alivio y la sensación que he tenido ha sido la de haberme quitado un peso de encima y haber recuperado mi estado de ánimo habitual porque después de cuarenta y ocho horas vuelvo a creer en mí, en lo que hago, en el mundo que me rodea y en todas aquellas personas que de una manera o de otra navegan en la misma órbita en la que me muevo yo. Recuerdo que hace años las visitas de Manuel Tintoré, nombre que le doy a mi otro yo, duraban semanas y hasta incluso meses y eran bastante caóticas, un enfrentamiento constante para ver quién de los dos se quedaba con el mando de la nave y en el noventa y nueve coma noventa y nueve por ciento de los casos, por no decir siempre, era él el que se quedaba con el timón y a mí me arrojaba por la borda, dejándome en un segundo plano, anulado y aniquilado, esperando a que se cansara y se fuera tal como había venido, en silencio y sin avisar, por la espalda y a traición. Hoy, por el contrario, sus visitas son escasas, muy esporádicas y ante mi indiferencia, viendo que no opongo la más mínima resistencia a sus caprichos de gobernar la nao capitana, se aburre y se larga enseguida, y así, esta tarde, de nuevo conmigo y sin él, después de trabajar, a las siete, contento y con ganas, pero con mucho calor como viene siendo normal estos días, he salido a correr por un circuito variado en el que hay alguna que otra subida exigente y al final habré hecho unos quince kilómetros a buen ritmo, sintiéndome muy bien y con ganas de que llegue mañana.

martes 16 de junio de 2009

Martes, 16 de Junio

Todavía bajo las negativas influencias de mi otro yo, ésta mañana me he despertado sin ningunas ganas de abrir los ojos y cansado como nunca antes lo había estado, como si mi cuerpo fuera un bloque de cemento armado incapaz de moverse por sí mismo y mi mente un agujero negro sin fondo y repleto de telarañas oscuras. He estado todo el día sin reconocerme , sin saber quién era exactamente, sin encontrar ningún sentido a nada de lo que hacía y a nada de lo que pensaba, como si yo mismo, y mis actos, fuera la cosa más vacía que puede existir sobre la capa de la tierra. Ridículo y tonto, dos palabras que hoy por hoy definen, como anillo al dedo, a la persona que en este preciso momento está escribiendo estas líneas. De todas maneras, y haciendo un esfuerzo sobrehumano, dispuesto a seguir dando batalla a mi segundo yo y a no dejarme influenciar por él, ésta tarde he salido a correr una hora y quince minutos y por primera vez en muchos meses he tenido muy malas, pésimas sensaciones tanto en la cabeza como en el corazón, teniéndome que parar en tres ocasiones no por el posible cansancio ni por el calor excesivo, sino porque la imagen de mí mismo corriendo me parecía de lo más patético, algo tan absurdo y tan sin sentido que lo mejor era parar y ponerse a andar.

Lunes, 15 de Junio

La oscura y siniestra personalidad de mi otro yo, su tendencia natural al pesimismo, hace días que me está rondando y a pesar de mis esfuerzos por alejarme de él la verdad es que poco a poco me está contagiando su desidia y su pereza. Sin ir más lejos esta tarde me ha convencido para que me quede en casa y no salga a correr y ahora no hace más que repetirme lo inútil que le parezco haciendo lo que hago y lo ridículo que le resulto escribiendo lo que escribo. Tal vez tenga razón y deba replantearme muchas cosas que hasta hoy tenía claras. Reconozco que actualmente mis biorritmos no están a la altura de las circunstancias y mis autodefensas están algo débiles y que basta el vuelo de una mosca dando círculos sobre sí misma o la caída de una pluma meciéndose a la voluntad del viento para que todo lo que creo que soy se desmorone como un castillo de arena y no quede nada, sólo más arena.

domingo 14 de junio de 2009

Domimgo, 14 de Junio

Dieciocho kilómetros esta mañana con mi amigo Josep Antoni Córdoba desde Vilanova y La Geltrú hasta Cunit por la carretera y regreso por el paseo marítimo de Cubelles a un ritmo tranquilo y relajado, se trataba simplemente de rodar y rodar y el calor y la humedad la verdad es que tampoco permitían grandes alegrías. Ha sido una jornada en la que prácticamente no ha habido nada que destacar.

viernes 12 de junio de 2009

Viernes, 12 de Junio

La ingesta de medio pollo asado al horno y un buen plato de patatas fritas (no estoy acostumbrado a cenar tanto) han traído como consecuencia que esta noche haya tenido una digestión lenta y pesada y que me haya despertado más cansado que de costumbre, como si me hubiera pasado un camión por encima o como si me hubiera pisoteado una manada de elefantes hambrientos. Me ha sonado el despertador a las cinco en punto, me he vuelto a dormir con la intención de quedarme cinco minutos más en la cama de lo mucho que me costaba abrir los ojos y cuando he querido darme cuenta ya había pasado una hora y quince minutos y ante la amenaza de llegar tarde al trabajo no he tenido más remedio que dejar a un lado mi tranquilidad habitual y ponerme las pilas, ducharme y vestirme en un tiempo record, batiendo todas las marcas habidas y por haber y salir escopeteado de casa, corriendo hasta la estación de cercanías y pillar el primer tren con dirección a Barcelona. Ni que decir tiene que la mayor parte de los cuarenta y cinco minutos que dura el viaje los he pasado durmiendo con la cabeza apoyada en el cristal de la ventana, ajeno a todo lo que estaba sucediendo a mi alrededor y sin enterarme de nada hasta que una voz fría e impersonal, fememina y metálica, ha anunciado por los servicios de megafonía del tren que estábamos entrando en la estación de Barcelona- Sants y a partir de ahí, una vez he llegado al restaurante donde trabajo, el sueño, el cansancio y la pesadez han desaparecido de mi cuerpo como por arte de magia y en su lugar han entrado la actividad y la urgencia, las prisas y el ritmo frenético que se requiere para preparar, elaborar y dejar lista la comida para un mínimo de trescientas personas. Por la tarde, ya en Vilanova y la Geltrú, descansado y con la mente sólo para mí, he salido a correr con muchas ganas, muy motivado y encontrándome bien. Al final habré hecho unos dieciseís kilómetros entre los que ha habido algunos cambios de ritmo y como ya va siendo habitual, que dure, que dure, con muy buenas sensaciones tanto en la cabeza, mentales, como en las piernas, físicas.

miércoles 10 de junio de 2009

Miércoles, 10 de junio

De nuevo he terminado contento y satisfecho con el entreno de hoy, una hora y veinte minutos por el mismo circuito de ayer y con las mismas zapatillas y a la misma hora y con el mismo calor, la misma humedad relativa en el aire y los mismos cambios de ritmo en los mismos puntos estratégicos del recorrido.

martes 9 de junio de 2009

Martes, 9 de Junio

Por primera vez desde la maratón de Bilbao me he sentido fuerte de nuevo y con las piernas y el corazón a pleno rendimiento. He llegado a casa a las siete de la tarde, me he cambiado de ropa después de haber comprobado por enésima vez que mi hija de doce años está cada día más grande y con muchas ganas y muy animado he salido a rodar por uno de los circuitos que menos pesado se me hace y al final he hecho una hora y veinte minutos, unos dieciseís kilkómetros más o menos, a un ritmo vivo y alegre y con cambios de ritmo. He terminado contento y pensando ya en el futuro.

Lunes, 8 de Junio

La verdad. Después de haber hecho el amor con Airemi he decidido quedarme en casa y no salir a correr.

Domingo, 7 de Junio

Después de haber hecho acto de presencia en el colegio electoral que me correspondía como segundo suplente del presidente, y después de haber dejado a mi hija en el colegio, celebraban una fiesta conmemorativa, a las diez de la mañana en punto, bajo un sol abrasador, he salido a correr una hora y quince minutos y las sensaciones que he tenido, pese al excesivo calor, han sido muy buenas y muy positivas y me han dejado un grato sabor de bienestar en la boca y en la mente.

Sábado, 6 de Junio

Descanso obligado. He llegado tarde a casa y me ha dado pereza salir a rodar.

viernes 5 de junio de 2009

Viernes, 5 de Junio

Por la noche, después de haber salido a rodar una hora y tres minutos con muy buenas sensaciones en las piernas y parece ser que bastante recuperado tanto física como anímicamente. Hay en mi vida actual dos cosas de las que dependo totalmente: el ejercicio físico y Airemi o Airemi y el ejercicio físico, no importa el orden en que las escriba, las dos son igual de importantes para mí y las necesito como el aire que respiro, como el agua que bebo, como los alimentos que digiero en mi estómago, como las palabras que utilizo cuando escribo lo que escribo, es decir, las necesito a las dos de la misma manera y con la misma intensidad; son como la luna y el sol, como la noche y el día, como lo bueno y lo malo, lo alto y lo bajo, lo gordo y lo flaco, lo bonito y lo feo, diferentes entre sí, pero complementarias, necesarias y vitales para que mis niveles de optimismo, mi estado de ánimo y mis dosis de felicidad, suponiendo que exista, se mantengan a flote y por encima de los niveles aceptables. El correr me propociona, entre otras muchas cosas, energía, vitalidad y endorfinas suficientes para poner los pies en el suelo cada mañana y encarar la duras y aburridas jornadas laborales con alegría e ilusión, como si el hecho de trabajar ocho horas diarias fuera la cosa más divertida del mundo. Airemi, por el contrario, es la ostia en vinagre, la luz al final del camino para que no te pierdas, el faro en medio de la noche que en todo momento te hace saber dónde estás, la dirección correcta a seguir en un cruce de varios caminos, la mujer que un buen día de hace cuatro años entró en mi vida en silencio, sin apenas enterarme, sigilosamente, pidiéndome paso poco a poco, día tras día con mucho respeto y con mucho amor y con mucha ternura, con una inteligencia y una bondad fuera de lo común, de una forma muy natural y sin estridencias, abiertamente, enseñándome todas sus cartas desde el principio, sin mentiras, limpiamente, dejando los faroles para iluminar las aceras y los jardines y ahora la tengo tan metida dentro de mí, tan entrelazada entre mis neuronas, tan acurrucada en lo más recóndito de mi corazón, tan diluída en mi sangre y tan adherida a mi piel que lo que menos deseo en este puñetero mundo es perderla y dejar de sentirla y lo que más deseo es poder estar con ella a todas horas y escucharla y mirarla y contemplarla y besarla, recorrer la superficie de su cuerpo con mis manos y mi lengua y devolverle multiplicado por mil todo lo que ella me ha dado a mí y me sigue dando sin pedirme nada a cambio, con una generosidad que me desborda, dejándome que entre en ella y que me pierda en los pliegues de su piel y que me demore en su mirada y que me quede tendido a su lado mientras me acaricia con sus manos y me duermo con la cabeza apoyada en su pecho sabiendo que cuando vuelva a abrir los ojos ella estará allí, a mi lado y conmigo.

jueves 4 de junio de 2009

Jueves, 4 de Junio

Es tarde, me siento cansado, no tengo muchas ganas de escribir, sólo decir que el entreno de hoy ha sido variado: cuarenta y cinco minutos de bicicleta por la mañana, antes de ir a trabajar, y una hora y diez minutos de carrera continua ,a ritmo suave, por la tarde. Sensaciones, buenas. (En la foto paso por el kilómetro quince de la maratón de Bilbao. Todavía muy fresco.)

Miércoles, 3 de Junio

Hoy he salido a rodar una hora y tres minutos (unos doce kilómetros aproximadamente) por el paseo marítimo de Vilanova i La Geltrú, localidad próxima a Barceloma en la que estoy viviendo desde hace once años, exactamente desde el día en que mi ex mujer dio a luz a la última de mis trece hijas, esto último ha sido una exageración voluntaria; en realidad sólo tengo dos, una niña de once años, Carmen y un chaval de veinte, Edu. Y mientras iba corriendo al lado del mar, escuchando el rumor de las olas, ningún pensamiento me ha venido a la cabeza, no he pensado en nada, simplemente corría. (En la foto con mi amigo Carles aguilar, minutos antes de tomar la salida en la maratón de Bilbao.)

lunes 1 de junio de 2009

Lunes, 1 de Junio

Sábado. Después de seis horas de viaje en un tren bastante cómodo y confortable hemos llegado a la estación de Bilbao a las tres y cuarto de la tarde y lo primero que hemos hecho ha sido encomendar nuestro cuerpo y nuestra mente a la providencia y a los espíritus de la buena suerte, pidiéndoles que por favor nos trataran bien y que nos facilitaran las cosas para que todo saliera de la mejor manera posible. Después, ya puestos en el tema y una vez familiarizados con los treinta grados de temperatura que marcaban los termometros, nos hemos dirigido al hotel Villa de Bilbao donde una vez confirmadas las reservas hemos subido a la habitación a dejar las maletas, descansar unos minutos y a partir de ahí hemos iniciado el ritual que suele llevarse a cabo en situaciones como las que nos ocupa, es decir, buscar un sitio para comer, ir a recoger los dorsales y la bolsa del coredor, dar una vuelta por la ciudad visitando los lugares de más interés, regresar al mismo restaurante donde hemos comido y pedir un plato de pasta para cenar, regresar al hotel caminando tranquilamente, dejar las cosas preparadas para el día siguiente e irnos a dormir con la única preocupación del excesivo calor que ha hecho durante todo el día; humedad y calor, enemigos declarados para mañana, serios inconvenientes para alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto y al final nos hemos dormido con la esperanza de que el día D amanezca con el cielo cubierto de nubes o en su defecto con una temperatura ambiental menos agresiva que nos permita correr con ciertas garantías. Domingo por la mañana. Después de un sueño tranquilo y reparador nos hemos despertado a las siete y cuarto y la primera alegría que hemos tenido ha sido cuando nos hemos asomado a la ventana y hemos podido comprobar que el cielo de Bilbao, a diferencia del sábado, en contra de todas las previsiones, estaba cubierto de nubes pequeñas y grises y la temperatura, al menos durante las dos primeras horas, sería ideal para correr sin agobios y sin el inconveniente siempre molesto del calor asfixiante. Hemos desayunado con tiempo más que suficiente y a las ocho en punto ya estábamos bajo el arco de salida haciéndonos las fotos de rigor, disfrutando del momento, comentando la jugada, repitiendo por enésima vez la estrategia a seguir, el ritmo que deberíamos llevar hasta el kilómetro treinta, la velocidad que deberíamos adoptar a partir del treinta y uno si las fuerzas nos lo permitían; cuatrocientos corredores unidos por la misma lusión, reunidos en el mismo afán, ambiente fenomenal y organización perfecta, amabilidad a flor de piel, los voluntarios pendientes y atentos, muy metidos en su labor, nervios previos y normales minutos antes de la salida y a las ocho y media en punto, después del consabido pistoletazo, empezamos a correr nuestra duodécima maratón y ya desde el primer kilómetro, como un reloj de alta precisión, vamos marcando los tiempos de paso que habíamos previsto, relajados, tranquilos, pero firmes, con muy buenas sensaciones en las piernas y la cabeza concentrada en lo que estamos haciendo; la temperatura sigue siendo buena aunque el cielo empieza a abrirse y los primeros rayos de sol hacen acto de presencia; pasamos por el kilómetro diez en el tiempo que estaba estipulado, la primera media maratón la cubrimos en una hora y cuarenta y cinco minutos, vamos bien, con garantías más que suficientes para bajar de las tres horas treinta, la gente que nos ve pasar nos anima y nos aplaude con ganas, los voluntarios nos van indicando en todo momento por dónde hemos de seguir, la ría de Bilbao, por donde transcurre la mayor parte de la maratón, es espectacular, no había estado nunca y la verdad es que me está gustando lo que estoy viendo, el recorrido es prácticamente llano, apenas hay subidas, algún que otro repechón, pero nada de importancia, ninguna dificultad que te haga aminorar la marcha; seguimos disfrutando de la carrera, el cielo ahora es completamente azul, no hay ni una sola nube y el calor empieza a apretar de verdad, bebemos agua en cada avituallamiento, nos quitamos el sudor de la frente con la palma de la mano y es acojonante sentirte corriendo, notar cómo tus piernas avanzan una detrás de las otra, cómo tus brazos acompañan los movimientos de tu cuerpo, cómo la respiración y el corazón van acompasados y foman una máquina perfecta, la sensación de estar haciendo algo importante y poder vivirlo; correr es cojonudo, no hay palabras suficientes en el diccionario de la real academia que lo puedan definir, en momentos así es cuando más cuenta me doy de ello; en el kilómetro treinta y uno aumentamos ligeramente el ritmo, seguimos bien, nos sentimos felices y fuertes, afortunados de poder sentir tan intensamente lo que estamos haciendo, somos tres, la liebre de tres treinta, mi amigo Carles Aguilar y yo, camino de la gloria no porque vayamos a ganar nada, sino porque estamos en Bilbao, en una maratón, pisando el asfalto, golpeando contra el suelo, corriendo y poniéndonos a prueba, sudando como cerdos encerrados en una camara de aire muy caliente; estamos en el kilómetro treinta y cuatro y antes de que pueda darme cuenta mi amigo Carles Aguilar y la liebre de turno se han alejado de mí unos metros, me han dejado atrás, intento seguirlos, no quedarme descolgado, pero mis piernas no me responden, se han vuelto torpes de repente, noto mucho calor en la garganta y en la cabeza, la vista empieza a fallarme, se me nublan los ojos, el sudor es agobiante y me molesta, me arde la piel y tengo la boca más seca que el más árido de los desiertos, me cuesta incluso hasta tragar mi propia saliva, mi lengua es un elemento extraño, como un pedazo de goma seca en el interior de mi cavidad bucal, me noto ligeramente mareado, lo suficiente como para tomar la decisión de aflojar el ritmo y olvidarme de bajar de las tres horas y treinta minutos y es como si una bola de fuego me hubiera entrado por la planta de los pies y hubiera subido hasta la azotea quemando todo lo que se encuentra en su camino y lo único que deseo en estos momentos, lo necesito como el aire que respiro, es llegar hasta el próximo avituallamiento y beber mucha agua, mojarme y refrescarme, bañarme, sumergirme en un mar de líquido transparente y muy frío y cuando paso por el lado de la mesa donde me esperan las botellas de agua y las esponjas, tal vez percatándose del estado en el que he llegado, un voluntario, con toda la buena intención del mundo en sus palabras, me aconseja que me detenga y que me recupere antes de seguir, me pregunta si me encuentro bien y si necesito su ayuda, le contesto que no, que estoy bien, le doy las gracias y después de haber bebido lo suficiente y de haberme vaciado dos o tres botellas de agua por encima de la cabeza, ya recuperado y una vez normalizada mi temperatura corporal, sigo corriendo los pocos kilómetros que me faltan y a pocos metros de la meta mi amigo Carles Aguilar (tres horas veintinueve, mejor marca personal) viene a buscarme, me acompaña corriendo el último tramo y cuando paso por el arco de llegada el cronómetro se detiene en tres horas, cuarenta minutos y veinte segundos. Estoy contento a pesar de no haber conseguido el objetivo que nos habíamos marcado. El golpe de calor que me ha impedido mantener el ritmo adecuado ha sido una putada, uno de los tantos accidentes que no pueden preveerse. De todas maneras he regresado a Barcelona satisfecho de mi decisión y con la conciencia tranquila. No está bien que lo diga yo, pero sinceramente creo que he corrido bien y que no he escatimado esfuerzos. De las doce maratones que he hecho hasta el momento en siete he bajado de tres treinta; tres las he hecho en tres treinta y tres y dos en tres cuarenta. Pienso que el balance es bastante positivo y eso me da fuerzas y ánimos para seguir en la brecha y pensar ya en la próxima que lo más seguro sea la de San Sebastián el próximo mes de Noviembre. A todos los amigos que visitan este blog sólo decirles que siento mucho, lo digo de todo corazón y con mucho afecto, no haber estado a altura de las expectativas que se habían creado. Un saludo y un abrazo para todos.